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FIDES VIVA
Ilustración: Mateo 6
Ilustración Fides Viva a partir de James Tissot, «The Lord's Prayer» · obra original

Torres Amat

Mateo 6

Prosigue Jesús enseñando; y trata de la limosna, de la oración, del ayuno. Dice que no debemos atesorar para este mundo sino para el cielo: que nuestra intención debe ser recta: que no se puede servir a Dios y al mundo; y hace ver la confianza que debemos tener en la providencia divina.

1Guardaos bien de hacer vuestras obras buenas en presencia de los hombres, con el fin de que os vean: de otra manera no recibiréis su galardón de vuestro Padre, que está en los cielos. 2Y así cuando das limosna, no quieras publicarla a son de trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las calles o plazas, a fin de ser honrados de los hombres. En verdad os digo, que ya recibieron su recompensa. 3Mas tú cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha; 4para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve lo más oculto, te recompensará en público.

5Asimismo cuando oráis, no habéis de ser como los hipócritas, que de propósito se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres: en verdad os digo, que ya recibieron su recompensa. 6Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora en secreto a tu Padre; y tu Padre, que ve lo más secreto, te premiará en público. 7En la oración no afectéis hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser oídos a fuerza de palabras. 8No queráis pues imitarlos; que bien sabe vuestro Padre lo que habéis menester, antes de pedírselo. 9Ved pues cómo habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre. 10Venga el tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11El pan nuestro de cada día dánosle hoy. 12Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. Amen. 14Porque si perdonáis a los hombres las ofensas que cometen contra vosotros, también vuestro Padre celestial os perdonará vuestros pecados. 15Pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará los pecados.

16Cuando ayunéis, no os pongáis caritristes como los hipócritas; que desfiguran sus rostros, para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad os digo, que ya recibieron su galardón. 17Tú, al contrario, cuando ayunes, perfuma tu cabeza, y lava bien tu cara, 18para que no conozcan los hombres que ayunas, sino únicamente tu Padre, que está presente a todo, aun lo que hay de más secreto: y tu Padre, que ve lo que pasa en secreto, te dará por ello la recompensa

19No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, donde el orín y la polilla los consumen; y donde los ladrones los desentierran, y roban. 20Atesorad más bien para vosotros tesoros en el cielo, donde no hay orín, ni polilla que los consuma; ni tampoco ladrones que los desentierren, y roben. 21Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

22Antorcha de tu cuerpo son tus ojos. Si tu ojo fuere sencillo, o estuviere limpio, todo tu cuerpo estará iluminado. 23Mas si tienes malicioso o malo tu ojo, todo tu cuerpo estará oscurecido. Que si lo que debe ser luz en ti, es tinieblas, las mismas tinieblas ¿cuán grandes serán?

24Ninguno puede servir a dos señores; porque o tendrá aversión al uno, y amor al otro; o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas. 25En razón de esto os digo, no os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. Qué ¿no vale más la vida, o el alma, que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas? 27Y ¿quién de vosotros a fuerza de discursos puede añadir un codo a su estatura? 28Y acerca del vestido, ¿a qué propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo cómo crecen y florecen; ellos no labran, ni tampoco hilan. 29Sin embargo yo os digo, que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió con tanto primor como uno de estos lirios. 30Pues si una yerba del campo, que hoy es o florece, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste; ¿cuánto más a vosotros hombres de poca fe? 31Así que no vayáis diciendo acongojados: ¿Dónde hallaremos que comer y beber? ¿Dónde hallaremos con que vestirnos? 32como hacen los paganos, los cuales andan ansiosos tras todas estas cosas; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de ellas tenéis. 33Así que, buscad primero el reino de Dios y su justicia; y todas las demás cosas se os darán por añadidura. 34No andéis pues acongojados por el día de mañana; que el día de mañana harto cuidado traerá por sí: bástale ya a cada día su propio afán o tarea.

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