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FIDES VIVA
Ilustración: Mateo 17
Ilustración Fides Viva a partir de Raphael, «The Transfiguration» · obra original

Torres Amat

Mateo 17

Trasfiguración de Jesús: curación de lunático endemoniado: Jesús paga el tributo por sí y por Pedro con una moneda milagrosamente hallada.

1Seis días después tomó Jesús consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan su hermano, y subiendo con ellos solos a un alto monte, 2se trasfiguró en su presencia. De modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la nieve. 3Y al mismo tiempo les aparecieron Moisés y Elías, conversando con él de lo que debía padecer en Jerusalén. 4Entonces Pedro tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí: si te parece, formemos aquí tres pabellones, uno para ti, otro para Moisés, y otro para Elías. 5Todavía estaba Pedro hablando, cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos. Y al mismo instante resonó desde la nube una voz que decía: Este es mi querido Hijo, en quien tengo todas mis complacencias: a él habéis de escuchar. 6A cuya voz los discípulos cayeron sobre su rostro en tierra, y quedaron poseídos de un grande espanto. 7Mas Jesús se llegó a ellos, los tocó, y les dijo: Levantaos, y no tengáis miedo. 8Y alzando los ojos, no vieron a nadie sino a solo Jesús. 9Y al bajar del monte, les puso Jesús precepto, diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto, hasta tanto que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

10Sobre lo cual le preguntaron los discípulos: ¿Pues cómo dicen los Escribas que debe venir primero Elías? 11A esto Jesús les respondió: En efecto, Elías ha de venir antes de mi segunda venida, y entonces restablecerá todas las cosas; 12pero yo os declaro que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo cuanto quísieron. Así también harán ellos padecer al Hijo del hombre. 13Entonces entendieron los discípulos que les había hablado de Juan Bautista.

14Llegado al lugar donde le aguardaban las gentes, vino un hombre, e hincadas las rodillas delante de él, le dijo: Señor, ten compasión de mi hijo, porque es lunático, y padece mucho; pues muy a menudo cae en el fuego, y frecuentemente en el agua: 15y le he presentado a tus discípulos, y no han podido curarle. 16Jesús en respuesta dijo: ¡Oh raza incrédula y perversa! ¿hasta cuándo he de vivir con vosotros? ¿hasta cuándo habré de sufriros? Traédmele acá. 17Y Jesús amenazó al demonio, y salió del muchacho, el cual quedó curado desde aquel momento. 18Entonces los discípulos hablaron a parte a Jesús, y le dijeron: ¿Por qué causa no hemos podido nosotros echarle? 19Respondioles Jesús: Porque tenéis poca fe. Pues ciertamente os aseguro que si tuviereis fe, tan grande como un granito de mostaza, podréis decir a ese monte: Trasládate de aquí a allá; y se trasladará, y nada os será imposible.

20Y además que esta casta de demonios no se lanza sino mediante la oración y el ayuno. 21Mientras estaban ellos en Galilea, díjoles nuevamente Jesús: El Hijo del hombre ha de ser entregado en manos de los hombres.

22Y le matarán, y resucitará al tercer día. Con lo cual los discípulos se afligieron sobremanera. 23Habiendo llegado a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo de las dos dracmas, y le dijeron: ¿Qué, no paga vuestro Maestro las dos dracmas? 24Sí por cierto, respondió. Y habiendo entrado en casa, se le anticipó Jesús diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra ¿de quién cobran tributo o censo? ¿de sus mismos hijos, o de los extraños? 25De los extraños, dijo él. Replicó Jesús: Luego los hijos están exentos. 26Con todo eso, por no escandalizarlos, ve al mar y tira el anzuelo, y coge el primer pez que saliere, y abriéndole la boca, hallarás una pieza de plata de cuatro dracmas: tómala, y dásela por mí, y por ti.

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miércoles, 28 de octubre · Evangelio

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