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FIDES VIVA
Ilustración: Mateo 13
Ilustración Fides Viva a partir de Pieter Bruegel the Elder, «Landscape with the Parable of the Sower» · obra original

Torres Amat

Mateo 13

Predica Jesús en parábolas, y descífraselas a los apóstoles: parábola del sembrador, del grano de mostaza, de la levadura, del tesoro escondido, de la perla preciosa, de la red llena de peces. El Profeta sin honor en su patria.

1En aquel día saliendo Jesús de casa, fue y sentose a la orilla del mar. 2Y se juntó al rededor de él un concurso tan grande de gentes, que le fue preciso entrar en una barca y tomar asiento en ella: y todo el pueblo estaba en la ribera; 3al cual habló de muchas cosas por medio de parábolas, diciendo: Salió una vez cierto sembrador a sembrar. 4Y al esparcir los granos, algunos cayeron cerca del camino, y vinieron las aves del cielo, y se los comieron. 5Otros cayeron en pedregales, donde había poca tierra, y luego brotaron, por estar muy someros en la tierra; 6mas nacido el sol se quemaron, y se secaron, porque casi no tenían raíces. 7Otros granos cayeron entre espinas, y crecieron las espinas, y los sofocaron. 8Otros en fin cayeron en buena tierra, y dieron fruto, dónde ciento por uno, dónde sesenta, y dónde treinta. 9Quien tenga oídos para entender, entienda.

10Acercándose después sus discípulos le preguntaban: ¿Por qué causa les hablas por parábolas? 11El cual les respondió: Porque a vosotros se os ha dado el privilegio de conocer los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no se les ha dado. 12Siendo cierto que al que tiene lo que debe tener, dársele ha aun más, y estará sobrado; mas al que no tiene lo que debe tener, le quitarán aun lo que tiene. 13Por eso les hablo con parábolas; porque ellos viendo, no miran (no consideran), y oyendo, no escuchan, ni entienden. 14Con que viene a cumplirse en ellos la profecía de Isaías que dice: Oiréis con vuestros oídos, y no entenderéis; y por mas que miréis con vuestros ojos, no veréis. 15Porque ha endurecido este pueblo su corazón, y ha cerrado sus oídos, y tapado sus ojos; a fin de no ver con ellos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón, por miedo de que, convirtiéndose, yo le dé la salud. 16Dichosos vuestros ojos, porque ven, y dichosos, vuestros oídos, porque oyen. 17Pues en verdad os digo, que muchos Profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. 18Escuchad ahora la parábola del sembrador.

19Cualquiera que oye la palabra del reino de Dios o del Evangelio, y no para en ella su atención, viene el mal espíritu y le arrebata aquello que se había sembrado en su corazón: este es el sembrado junto al camino. 20El sembrado en tierra pedregosa, es aquel que oye la palabra de Dios, y por el pronto la recibe con gozo; 21mas no tiene interiormente raíz, sino que dura poco; y en sobreviniendo la tribulación y persecución por causa de la palabra o del Evangelio, luego le sirve esta de escándalo. 22El sembrado entre espinas, es el que oye la palabra de Dios; mas los cuidados de este siglo y el embeleso de las riquezas, la sofocan, y queda infructuosa. 23Al contrario, el sembrado en buena tierra, es el que oye la palabra de Dios, y la medita, y produce fruto, parte ciento por uno, parte sesenta, y parte treinta.

24Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre, que sembró buena simiente en su campo; 25pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo, y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. 26Estando ya el trigo en yerba, y apuntando la espiga, descubriose asimismo la cizaña. 27Entonces los criados del padre de familias acudieron a él, y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? Pues ¿cómo tiene cizaña? 28Respondioles: Algún enemigo mío la habrá sembrado. Replicaron los criados: ¿Quieres que vayamos a cogerla? 29A lo que respondió: No, porque no suceda que arrancando la cizaña, arranquéis juntamente con ella el trigo. 30Dejad crecer uno y otro hasta la siega, que al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y haced gavillas de ella para el fuego, y meted después el trigo en mi granero.

31Propúsoles otra parábola diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomó en su mano un hombre, y le sembró en su campo, 32el cual es a la vista menudísimo entre todas las semillas; mas en creciendo, viene a ser mayor que todas las legumbres, y hácese árbol, de forma que las aves del cielo bajan, y posan en sus ramas.

33Y añadió esta otra parábola. El reino de los cielos es semejante a la levadura, que cogió una mujer y mezclola con tres satos o celemines de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada. 34Todas estas cosas dijo Jesús al pueblo por parábolas, sin las cuales no solía predicarles; 35cumpliéndose lo que había dicho el Profeta: Abriré mi boca para hablar con parábolas, publicaré cosas misteriosas que han estado ocultas desde la creación del mundo.

36Entonces Jesús, despedido el auditorio, volvió a casa; y rodeándole sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo. 37El cual les respondió: El que siembra la buena simiente, es el Hijo del hombre. 38El campo es el mundo: la buena simiente son los hijos del reino: la cizaña los hijos del maligno espíritu. 39El enemigo que la sembró, es el diablo: la siega es el fin del mundo: los segadores son los ángeles. 40Y así como se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así sucederá al fin del mundo: 41enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y quitarán de su reino a todos los escandalosos, y a cuantos obran la maldad; 42y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 43Al mismo tiempo los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para entenderlo, entiéndalo.

44Es también semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si lo halla un hombre, lo encubre de nuevo, y gozoso del hallazgo va, y vende todo cuanto tiene, y compra aquel campo.

45El reino de los cielos es asimismo semejante a un mercader, que trata en perlas finas. 46Y viniéndole a las manos una de gran valor, va, y vende todo cuanto tiene, y la compra.

47También es semejante el reino de los cielos a una red barredera, que echada en el mar allega todo género de peces: 48la cual, en estando llena, sácanla los pescadores y sentados en la orilla, van escogiendo los buenos y los meten en sus cestos, y arrojan los de mala calidad. 49Así sucederá al fin del siglo: saldrán los ángeles, y separarán a los malos de entre los justos, 50y arrojarlos han en el horno de fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes.

51¿Habéis entendido bien todas estas cosas? Sí, Señor, le respondieron. 52Y él añadió: Por eso todo doctor, bien instruido en lo que mira al reino de los cielos, es semejante a un padre de familias, que va sacando de su repuesto cosas nuevas y cosas antiguas, según conviene. 53Concluido que hubo Jesús estas parábolas, partió de allí.

54Y pasando a su patria, se puso a enseñar en las sinagogas de sus naturales, de tal manera que no cesaban de maravillarse, y se decían: ¿De dónde le ha venido a este tal sabiduría, y tales milagros? 55Por ventura ¿no es el hijo del artesano o carpintero? ¿Su madre no es la que se llama María? ¿No son sus primos hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56¿y sus primas hermanas no viven todas entre nosotros? Pues ¿de dónde le vendrán a este todas estas cosas? 57Y estaban como escandalizados de él. Jesús empero les dijo: No hay Profeta sin honra, sino en su patria, y en la propia casa. 58En consecuencia hizo aquí muy pocos milagros, a causa de su incredulidad.

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