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FIDES VIVA
Ilustración: Mateo 8
Ilustración Fides Viva a partir de Rembrandt, «The Storm on the Sea of Galilee» · obra original

Torres Amat

Mateo 8

Jesús cura a un leproso, al criado de un centurión, y a la suegra de san Pedro: sosiega al mar alborotado; y sana endemoniados.

1Habiendo bajado Jesús del monte, le fue siguiendo una gran muchedumbre de gentes: 2en esto, viniendo a él un leproso, le adoraba, diciendo: Señor, si tú quieres, puedes limpiarme. 3Y Jesús extendiendo la mano, le tocó, diciendo: Quiero: queda limpio. Y al instante quedó curado de su lepra. 4Y Jesús le dijo: Mira que no lo digas a nadie; pero ve a presentarte al sacerdote, y ofrece el don que Moisés ordenó, para que les sirva de testimonio.

5Y al entrar en Cafarnaún, le salió al encuentro un centurión, y le rogaba, 6diciendo: Señor, un criado mío está postrado en mi casa paralítico, y padece muchísimo. 7Dícele Jesús: Yo iré, y le curaré. 8Y le replicó el centurión: Señor, no soy yo digno de que tú entres en mi casa; pero mándalo con tu palabra, y quedará curado mi criado. 9Pues aun yo, que no soy más que un hombre sujeto a otros, como tengo soldados a mi mando, digo al uno: Marcha, y él marcha; y al otro: Ven, y viene; y a mi criado: Haz esto, y lo hace. 10Al oír esto Jesús mostró grande admiración, y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que ni aun en medio de Israel he hallado fe tan grande. 11Así yo os declaro, que vendrán muchos gentiles del Oriente, y estarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12mientras que los hijos del reino (los judíos) serán echados fuera a las tinieblas: allí será el llanto y el crujir de dientes. 13Después dijo Jesús al centurión: Vete, y sucédate conforme has creído. Y en aquella hora misma quedó sano el criado.

14Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de este en cama, con calentura: 15y tocándole la mano, se le quitó la calentura: con eso se levantó luego de la cama, y se puso a servirles.

16Venida la tarde, le trajeron muchos espirituados; y con su palabra echaba los espíritus malignos; y curó a todos los dolientes: 17verificándose con eso lo que predijo el Profeta Isaías, diciendo: Él mismo ha cargado con nuestras dolencias, y ha tomado sobre sí nuestras enfermedades.

18Viéndose Jesús un día cercado de mucha gente, dispuso pasar a la ribera opuesta del lago de Genesaret. 19Y arrimándosele cierto Escriba, le dijo: Maestro, yo te seguiré, a donde quiera que fueres. 20Y Jesús le respondió: Las raposas tienen madrigueras, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene sobre qué reclinar la cabeza. 21Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que antes de seguirte, vaya a dar sepultura a mi padre. 22Mas Jesús le respondió: Sígueme tú, y deja que los muertos, o gentes que no tienen la vida de la fe, entierren a sus muertos.

23Entró pues en una barca acompañado de sus discípulos; 24y he aquí que se levantó una tempestad tan recia en el mar, que las ondas cubrían la barca, mas Jesús estaba durmiendo. 25Y acercándose a él sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos. 26Díceles Jesús: ¿De qué teméis, oh hombres de poca fe? Entonces puesto en pie, mandó a los vientos y al mar que se apaciguaran, y siguiose una gran bonanza. 27De lo cual asombrados todos los que estaban allí, se decían: ¿Quién es este, que los vientos y el mar le obedecen?

28Desembarcado en la otra ribera del lago en el país de los gerasenos, fueron al encuentro de él, saliendo de los sepulcros en que habitaban, dos endemoniados tan furiosos que nadie osaba transitar por aquel camino. 29Y luego empezaron a gritar, diciendo: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, oh Jesús Hijo de Dios? ¿Has venido acá con el fin de atormentarnos antes de tiempo? 30Estaba no lejos de allí una gran piara de cerdos paciendo. 31Y los demonios le rogaban de esta manera: Si nos echas de aquí, envíanos a esa piara de cerdos. 32Y él les dijo: Id. Y habiendo ellos salido, entraron en los cerdos; y he aquí que toda la piara corrió impetuosamente a despeñarse por un derrumbadero en el mar de Genesaret; y quedaron ahogados en las aguas. 33Los porqueros echaron a huir; y llegados a la ciudad, lo contaron todo, y en particular lo de los endemoniados. 34Al punto toda la ciudad salió en busca de Jesús; y al verle, le suplicaron que se retirase de su país.

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