
Torres Amat
Mateo 22
Parábola del rey que convidó a las bodas de su hijo. Si debe pagarse el tributo al César. Doctrina sobre la resurrección. Amor de Dios y del prójimo. Cristo hijo y señor de David.
1Entre tanto Jesús, prosiguiendo la plática, les habló de nuevo por parábolas, diciendo: 2En el reino de los cielos acontece lo que a cierto rey, que celebró las bodas de su hijo. 3Y envió sus criados a llamar los convidados a las bodas, mas estos no quisieron venir. 4Segunda vez despachó nuevos criados, con orden de decir de su parte a los convidados: Tengo dispuesto el banquete, he hecho matar mis terneros y demás animales cebados, y todo está a punto: venid pues a las bodas. 5Mas ellos no hicieron caso; antes bien se marcharon, quién a su granja, y quién a su tráfico ordinario: 6los demás cogieron a los criados, y después de haberlos llenado de ultrajes, los mataron. 7Lo cual oído por el rey, montó en cólera: y enviando sus tropas, acabó con aquellos homicidas, y abrasó su ciudad. 8Entonces dijo a sus criados: Las prevenciones para las bodas están hechas; mas los convidados no eran dignos de asistir a ellas; 9id pues a las salidas de los caminos, y a todos cuantos encontréis, convidadlos a las bodas. 10Al punto los criados saliendo a los caminos reunieron a cuantos hallaron, malos y buenos; de suerte que la sala de las bodas se llenó de gentes que se pusieron a la mesa. 11Entrando después el rey a ver los convidados, reparó allí en un hombre que no iba con vestido de boda. 12Y díjole: Amigo, ¿cómo has entrado tú aquí sin vestido de boda? Pero él enmudeció. 13Entonces dijo el rey a sus ministros de justicia: Atado de pies y manos, arrojadle fuera a las tinieblas; donde no habrá sino llanto, y crujir de dientes. 14Tan cierto es que muchos son los llamados, y pocos los escogidos.
15Entonces los Fariseos se retiraron a tratar entre sí, cómo podrían sorprenderle en lo que hablase. 16Y para esto le enviaron sus discípulos con algunos herodianos, que le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino o la Ley de Dios conforme a la pura verdad, sin respeto a nadie, porque no miras a la calidad de las personas: 17esto supuesto, dinos que te parece de esto: ¿es o no es lícito a los judíos, pueblo de Dios, pagar tributo a César? 18A lo cual Jesús, conociendo su refinada malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19enseñadme la moneda con que se paga el tributo. Y ellos le mostraron un denario. 20Y Jesús les dijo: ¿De quién es esta imagen, y esta inscripción? 21Respóndenle: De César. Entonces les replicó: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 22Con cuya respuesta quedaron admirados, y dejándole, se fueron.
23Aquel mismo día vinieron los sadduceos, que niegan la resurrección, a proponerle este caso: 24Maestro, Moisés ordenó que si alguno muere sin hijos, el hermano se case con su mujer, para dar sucesión a su hermano. 25Es el caso que había entre nosotros siete hermanos: casado el primero, vino a morir, y no teniendo sucesión, dejó su mujer a su hermano. 26Lo mismo acaeció al segundo, y al tercero, hasta el séptimo. 27Y después de todos ellos murió la mujer. 28Ahora pues, así que llegue la resurrección, ¿de cuál de los siete ha de ser mujer, supuesto que lo fue de todos? 29A lo que Jesús les respondió: Muy errados andáis, por no entender las Escrituras, ni el poder de Dios. 30Porque después de la resurrección ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres tomarán maridos; sino que serán como los ángeles de Dios en el cielo. 31Mas tocante a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído las palabras que Dios os tiene dichas: 32Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Ahora pues, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33Lo que habiendo oído el pueblo, estaba asombrado de su doctrina.
34Pero los Fariseos, informados de que había tapado la boca a los sadduceos, se mancomunaron; 35y uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarle: 36Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? 37Respondiole Jesús: Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Este es el máximo y primer mandamiento. 39El segundo es semejante a este, y es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40En estos dos mandamientos está cifrada toda la Ley y los Profetas.
41Estando aquí juntos los Fariseos, Jesús les hizo esta pregunta: 42¿Qué os parece a vosotros del Cristo o Mesías? ¿de quién es hijo? Dícenle: De David. 43Replicoles: ¿Pues cómo David en espíritu profético le llama su Señor, cuando dice: 44Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, mientras tanto que yo pongo a tus enemigos por peana de tus pies? 45Pues si David le llama su Señor, ¿cómo cabe que sea hijo suyo? 46A lo cual nadie pudo responderle una palabra; ni hubo ya quien desde aquel día osase hacerle más preguntas.
