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FIDES VIVA
Ilustración: Juan 3
Ilustración Fides Viva a partir de Henry Ossawa Tanner, «Nicodemus Visiting Jesus» · obra original

Torres Amat

Juan 3

Instruye Jesús a Nicodemo. Juan Bautista desengaña a sus discípulos del concepto errado que formaban sobre su bautismo, y sobre el bautismo y la persona de Jesús. Declara que Jesucristo es el esposo, y él su amigo.

1Había un hombre de la secta de los Fariseos, llamado Nicodemo, varon principal entre los judíos, 2el cual fue de noche a Jesús, y le dijo: Maestro, nosotros conocemos que eres un maestro enviado de Dios para instruirnos; porque ninguno puede hacer los milagros que tú haces, a no tener a Dios consigo. 3Respondiole Jesús: Pues en verdad, en verdad te digo, que quien no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios, o tener parte en él. 4Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿puede acaso volver otra vez al seno de su madre para renacer? 5En verdad, en verdad te digo, respondió Jesús, que quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu santo, no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que ha nacido de la carne, carne es; mas lo que ha nacido del espíritu, es espíritu o espiritual. 7Por tanto no extrañes que te haya dicho: Os es preciso nacer otra vez. 8Pues el espíritu o el aire sopla donde quiere; y tú oyes su sonido, mas no sabes de dónde sale, o a dónde va: eso mismo sucede al que nace del espíritu. 9Preguntole Nicodemo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10Respondiole Jesús: ¿Y tú eres maestro en Israel, y no entiendes estas cosas?

11En verdad, en verdad te digo, que nosotros no hablamos sino lo que sabemos bien, y no atestiguamos sino lo que hemos visto, y vosotros con todo no admitís nuestro testimonio. 12Si os he hablado de cosas de la tierra, y no me creéis; ¿cómo me creeréis, si os hablo de cosas del cielo? 13Ello es así que nadie subió al cielo, sino aquel que ha descendido del cielo, a saber, el Hijo del hombre, que está en el cielo. 14Al modo que Moisés en el Desierto levantó en alto la serpiente de bronce, así también es menester que el Hijo del hombre sea levantado en alto; 15para que todo aquel que crea en él, no perezca, sino que logre la vida eterna.

16Que amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito; a fin de que todos los que creen en él, no perezcan, sino que vivan vida eterna. 17Pues no envió Dios su Hijo al mundo, para condenar al mundo, sino para que por su medio el mundo se salve. 18Quien cree en él, no es condenado; pero quien no cree, ya tiene hecha la condena; por lo mismo que no cree en el nombre del Hijo unigénito de Dios. 19Este juicio de condenación consiste, en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas, que la luz; por cuanto sus obras eran malas. 20Pues quien obra mal, aborrece la luz, y no se arrima a ella, para que no sean reprendidas sus obras: 21al contrario, quien obra según la verdad le inspira, se arrima a la luz, a fin de que sus obras se vean como que han sido hechas según Dios.

22Después de esto se fue Jesús con sus discípulos a la Judea; y allí moraba con ellos, y bautizaba por medio de los mismos. 23Juan asimismo proseguía bautizando en Enón junto a Salim; porque allí había mucha abundancia de aguas, y concurrían las gentes, y eran bautizadas. 24Que todavía Juan no había sido puesto en la cárcel.

25Con esta ocasión se suscitó una disputa entre los discípulos de Juan y algunos judíos acerca del bautismo. 26Y acudieron a Juan sus discípulos, y le dijeron: Maestro, aquel que estaba contigo a la otra parte del Jordán, de quien diste un testimonio tan honorífico, he aquí que se ha puesto a bautizar, y todos se van a él. 27Pero Juan les respondió, y dijo: No puede el hombre atribuirse nada, si no le es dado del cielo. 28Vosotros mismos me sois testigos de que he dicho: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él como precursor suyo. 29El esposo es aquel que tiene la esposa; mas el amigo del esposo, que está para asistirle y atender a lo que dispone, se llena de gozo con oír la voz del esposo. Mi gozo pues es ahora completo. 30Conviene que él crezca, y que yo mengüe.

31El que ha venido de lo alto, es superior a todos. Quien trae su origen de la tierra, a la tierra pertenece, y de la tierra habla. El que nos ha venido del cielo, es superior a todos. 32Y atestigua cosas que ha visto y oído; y con todo casi nadie presta fe a su testimonio. 33Mas quien ha adherido a lo que él atestigua, testifica con su fe que Dios es verídico. 34Porque este, a quien Dios ha enviado, habla las mismas palabras que Dios; pues Dios no le ha dado su espíritu con medida. 35El Padre ama al Hijo, y ha puesto todas las cosas en su mano. 36Aquel que cree en el Hijo de Dios, tiene vida eterna; pero quien no da crédito al Hijo, no verá la vida, sino que al contrario la ira de Dios permanece siempre sobre su cabeza.

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miércoles, 28 de octubre · Evangelio

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