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FIDES VIVA
Ilustración: Juan 12
Ilustración Fides Viva a partir de Anthony van Dyck, «Entry of Christ into Jerusalem» · obra original

Torres Amat

Juan 12

Dan a Jesús en Betania una cena, en medio de la cual María, hermana de Lázaro, derrama sobre los pies del Señor un bálsamo precioso. Maquinan los judíos matar a Lázaro. Entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Algunos gentiles quieren hablar con él; y con esta ocasión declara Jesús que hasta después de muerto no hará fruto entre ellos. Creen muchos de los principales judíos, pero no se atreven a manifestarlo por miedo de la Sinagoga.

1Seis días antes de la Pascua volvió Jesús a Betania, donde Lázaro había muerto, a quien Jesús resucitó. 2Aquí le dispusieron una cena: Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. 3Y María tomó una libra de ungüento o perfume de nardo puro, y de gran precio, y derramole sobre los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y se llenó la casa de la fragancia del perfume. 4Por lo cual Judas Iscariote, uno de sus discípulos, aquel que le había de entregar, dijo: 5¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios, para limosna de los pobres? 6Esto dijo, no porque él pasase algún cuidado por los pobres; sino porque era ladrón ratero, y teniendo la bolsa, llevaba, o defraudaba, el dinero que se echaba en ella. 7Pero Jesús respondió: Dejadla que lo emplee para honrar de antemano el día de mi sepultura. 8Pues en cuanto a los pobres, los tenéis siempre con vosotros; pero a mí no me tenéis siempre.

9Entre tanto una gran multitud de judíos, luego que supieron que Jesús estaba allí, vinieron, no solo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 10Por eso los príncipes de los sacerdotes deliberaron quitar también la vida a Lázaro, 11visto que muchos judíos por su causa se apartaban de ellos, y creían en Jesús.

12Al día siguiente una gran muchedumbre de gentes, que habían venido a la fiesta, habiendo oído que Jesús estaba para llegar a Jerusalén, 13cogieron ramos de palmas, y salieron a recibirle, gritando: Hosanna, bendito sea el que viene en el nombre del Señor, el rey de Israel. 14Halló Jesús un jumentillo, y montó en él, según está escrito: 15No tienes que temer, hija de Sion: mira a tu rey que viene sentado sobre un asnillo. 16Los discípulos por entonces no reflexionaron sobre esto; mas cuando Jesús hubo entrado en su gloria, se acordaron que tales cosas estaban escritas de él, y que ellos mismos las cumplieron. 17Y la multitud de gentes, que estaban con Jesús, cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio de él. 18Por esta causa salió tanta gente a recibirle, por haber oído que había hecho este milagro. 19En vista de lo cual dijéronse unos a otros los Fariseos: ¿Veis como no adelantamos nada? he aquí que todo el mundo se va en pos de él.

20Al mismo tiempo ciertos gentiles, de los que habían venido para adorar a Dios en la fiesta, 21se llegaron a Felipe, natural de Betsaida, en Galilea, y le hicieron esta súplica: Señor, deseamos ver a Jesús. 22Felipe fue y lo dijo a Andrés; y Andrés y Felipe juntos se lo dijeron a Jesús. 23Jesús les respondió, diciendo: Venida es la hora en que debe ser glorificado el Hijo del hombre. 24En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo, después de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. 25Así el que ama desordenadamente su alma, la perderá; mas el que aborrece o mortifica su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. 26El que me sirve, sígame: que donde yo estoy, allí estará también el que me sirve; y a quien me sirviere, le honrará mi Padre. 27Pero ahora mi alma se ha conturbado. Y ¿qué diré? ¡Oh Padre! líbrame de esta hora. Mas no: que para esa misma hora he venido al mundo. 28¡Oh Padre! glorifica tu santo nombre. Al momento se oyó del cielo esta voz: Le he glorificado ya, y le glorificaré todavía más.

29La gente que allí estaba, y oyó el sonido de esta voz, decía que aquello había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. 30Jesús les respondió, y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. 31Ahora mismo va a ser juzgado el mundo: ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera. 32Y cuando yo seré levantado en alto en la tierra, todo lo atraeré a mí: 33(esto lo decía para significar de qué muerte había de morir). 34Replicole la gente: Nosotros sabemos por la Ley, que el Cristo debe vivir eternamente; ¿pues cómo dices que debe ser levantado en alto o crucificado el Hijo del hombre? ¿Quién es ese Hijo del hombre? 35Respondioles Jesús: La luz aún está entre vosotros por un poco de tiempo. Caminad pues mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan: que quien anda entre tinieblas, no sabe a dónde va. 36Mientras tenéis luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz. Estas cosas les dijo Jesús; y fue, y se escondió de ellos.

37El caso es que con haber hecho Jesús delante de ellos tantos milagros, no creían en él; 38de suerte que vinieron a cumplirse las palabras que dijo el Profeta Isaías: ¡Oh Señor! ¿quién ha creído a lo que oyó de nosotros? ¿y de quién ha sido conocido el brazo del Señor? 39Por eso no podían creer, pues ya Isaías previendo su depravada voluntad dijo también: 40Cegó sus ojos, y endureció su corazón, para que con los ojos no vean, y no perciban en su corazón, por temor de convertirse, y de que yo los cure. 41Esto dijo Isaías, cuando vio la gloria de el Mesías, y habló de su persona. 42No obstante hubo aun de los magnates muchos que creyeron en él; mas por temor de los Fariseos no lo confesaban, para que no los echasen de la Sinagoga. 43Y es que amaron más la gloria o estimación de los hombres, que la gloria de Dios.

44Jesús pues alzó la voz, y dijo: Quien cree en mí, no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado. 45Y el que a mí me ve, ve al que me envió. 46Yo que soy la luz eterna, he venido al mundo; para que quien cree en mí, no permanezca entre las tinieblas. 47Que si alguno oye mis palabras, y no las observa, yo no le doy la sentencia; pues no he venido ahora a juzgar al mundo, sino a salvarle. 48Quien me menosprecia, y no recibe mis palabras, ya tiene juez que le juzgue: la palabra evangélica que yo he predicado, esa será la que le juzgue en el último día. 49Puesto que yo no he hablado de mí mismo, sino que el Padre que me envió, él mismo me ordenó lo que debo decir, y cómo he de hablar. 50Y yo sé que lo que él me ha mandado enseñar, es lo que conduce a la vida eterna. Las cosas pues que yo hablo, las digo como el Padre me las ha dicho.

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