
Torres Amat
Juan 10
Parábola del buen pastor, y sus propiedades. Va Jesús al Templo el día de la Dedicación, y declara ser el Mesías. Las judíos cogen piedras para tirárselas como a blasfemo, y se quedan con ellas en las manos a una razón suya.
1En verdad, en verdad os digo, prosiguió Jesús, que quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es un ladrón y salteador. 2Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. 3A este el portero le abre, y las ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre a las ovejas propias, y las saca fuera al pasto. 4Y cuando ha hecho salir sus propias ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5Mas a un extraño no le siguen, sino que huyen de él; porque no conocen la voz de los extraños.
6Este símil les puso Jesús; pero no entendieron lo que les decía. 7Por eso Jesús les dijo segunda vez por lo claro: En verdad, en verdad os digo, que yo soy la puerta de las ovejas: 8Todos los que hasta ahora han venido, o entrado por otra parte, son ladrones y salteadores, y así las ovejas no los han escuchado. 9Yo soy la puerta. El que por mí entrare, se salvará; y entrará y saldrá sin tropiezo, y hallará pastos. 10El ladrón no viene sino para robar, y matar, y hacer estrago. Más yo he venido para que las ovejas tengan vida, y la tengan en más abundancia. 11Yo soy el buen pastor. El buen pastor sacrifica su vida por sus ovejas. 12Pero el mercenario, y el que no es el propio pastor, de quien no son propias las ovejas, en viendo venir al lobo, desampara las ovejas, y huye; y el lobo las arrebata, y dispersa el rebaño: 13el mercenario huye, por la razón de que es asalariado, y no tiene interés alguno en las ovejas. 14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las ovejas mías me conocen a mí. 15Así como el Padre me conoce a mí, así yo conozco al Padre; y doy mi vida por mis ovejas. 16Tengo también otras ovejas, que no son de este aprisco: las cuales debo yo recoger, y oirán mi voz, y de todas se hará un solo rebaño, y un solo pastor. 17Por eso mi Padre me ama; porque doy mi vida por mis ovejas, bien que para tomarla otra vez. 18Nadie me la arranca, sino que yo la doy de mi propia voluntad, y soy dueño de darla, y dueño de recobrarla: este es el mandamiento que recibí de mi Padre.
19Excitó este discurso una nueva división entre los judíos. 20Decían muchos de ellos: Está poseído del demonio, y ha perdido el juicio: ¿por qué le escucháis? 21Otros decían: No son palabras estas de quien está endemoniado: ¿por ventura puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?
22Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la Dedicación; fiesta que era en invierno. 23Y Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón. 24Rodeáronle pues los judíos, y le dijeron: ¿Hasta cuándo has de traer suspensa nuestra alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. 25Respondioles Jesús: Os lo estoy diciendo, y no lo creis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas están dando testimonio de mí; 26mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. 27Mis ovejas oyen la voz mía, y yo las conozco, y ellas me siguen: 28y yo les doy la vida eterna, y no se perderán jamás, y ninguno las arrebatará de mis manos. 29Pues lo que mi Padre me ha dado, todo lo sobrepuja; y nadie puede arrebatarlo de mano de mi Padre o de la mía. 30Mi Padre y yo somos una misma cosa.
31Al oír esto los judíos, cogieron piedras para apedrearle. 32Díjoles Jesús: Muchas buenas obras he hecho delante de vosotros por la virtud de mi Padre, ¿por cuál de ellas me apedreáis? 33Respondiéronle los judíos: No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por la blasfemia; y porque siendo tú, como eres, hombre, te haces Dios. 34Replicoles Jesús: ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo dije, dioses sois? 35Pues si llamó dioses a aquellos a quienes habló Dios, y no puede faltar la Escritura, 36¿cómo de mí, a quien ha santificado el Padre, y ha enviado al mundo, decís vosotros que blasfemo, porque he dicho, soy hijo de Dios? 37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. 38Pero si las hago, cuando no queráis darme crédito a mí, dádsele a mis obras, a fin de que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. 39Quisieron entonces prenderle; mas él se escapó de entre sus manos. 40Y se fue de nuevo a la otra parte del Jordán, a aquel lugar en que Juan había comenzado a bautizar; y permaneció allí. 41Y acudieron muchos a él, y decían: Es cierto que Juan no hizo milagro alguno. 42Mas todas cuantas cosas dijo Juan de este, han salido verdaderas. Y muchos creyeron en él.
