
Torres Amat
Juan 8
Libra Jesús de la muerte a una mujer adúltera, confundiendo a sus acusadores. Declara de varias maneras ser el Hijo de Dios, y el Mesías prometido; y responde con admirable mansedumbre a las blasfemias de los judíos.
1Jesús se retiró al Monte de los olivos; 2y al romper el día volvió, según costumbre, al Templo; y como todo el pueblo concurrió a él, sentándose se puso a enseñarlos.
3Cuando he aquí que los Escribas y Fariseos traen a una mujer cogida en adulterio; y poniéndola en medio, 4dijeron a Jesús: Maestro, esta mujer acaba de ser sorprendida en adulterio. 5Moisés en la Ley nos tiene mandado apedrear a las tales. Tú ¿qué dices a esto? 6Lo cual preguntaban para tentarle y poder acusarle. Pero Jesús, como desentendiéndose, inclinose hacia el suelo, y con el dedo escribía en la tierra. 7Mas como porfiasen ellos en preguntarle, se enderezó, y les dijo: El que de vosotros se halla sin pecado, tire contra ella el primero la piedra. 8Y volviendo a inclinarse otra vez, continuaba escribiendo en el suelo. 9Más, oída tal respuesta, se iban descabullendo uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio. 10Entonces Jesús enderezándose, le dijo: Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado? 11Ella respondió: Ninguno, Señor. Y Jesús compadecido le dijo: Pues tampoco yo te condenaré: anda, y no peques más en adelante.
12Y volviendo Jesús a hablar al pueblo, dijo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida. 13Replicáronle los Fariseos: Tú das testimonio de ti mismo; y así tu testimonio no es idóneo. 14Respondioles Jesús: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es digno de fe; porque yo sé de dónde soy venido, y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. 15Vosotros juzgáis de mí según la carne; pero yo no juzgo así de nadie: 16y cuando yo juzgo, mi juicio es idóneo, porque no soy yo solo el que da el testimonio, sino yo, y el Padre que me ha enviado. 17En vuestra Ley está escrito, que el testimonio de dos personas es idóneo. 18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y además el Padre que me ha enviado, da también testimonio de mí. 19Decíanle a esto: ¿En dónde está tu padre? Respondió Jesús: Ni me conocéis a mí, ni a mi Padre: si me conocierais a mí, no dejaríais de conocer a mi Padre. 20Estas cosas las dijo Jesús enseñando en el Templo, en el atrio del tesoro; y nadie le prendió, porque aún no era llegada su hora.
21Díjoles Jesús en otra ocasión: Yo me voy, y vosotros me buscaréis, y vendréis a morir en vuestro pecado. A donde yo voy, no podéis venir vosotros. 22A esto decían los judíos: ¿Si querrá matarse a sí mismo, y por eso dice: A donde yo voy, no podéis venir vosotros? 23Y Jesús proseguía diciéndoles: Vosotros sois de acá abajo; y yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo. 24Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creyereis ser yo lo que soy, moriréis en vuestro pecado. 25Replicábanle: ¿Pues quién eres tú? Respondioles Jesús: Yo soy el principio de todas las cosas, el mismo que os estoy hablando. 26Muchas cosas tengo que decir, y condenar en cuanto a vosotros: como quiera, el que me ha enviado, es veraz; y yo solo hablo en el mundo las cosas que oí a él. 27Ellos no echaron de ver que decía que Dios era su Padre. 28Por tanto Jesús les dijo: Cuando habréis levantado en alto, o crucificado, al Hijo del hombre, entonces conoceréis quién soy yo, y que nada hago de mí mismo, sino que hablo lo que mi Padre me ha enseñado; 29y el que me ha enviado, está siempre conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado. 30Cuando Jesús dijo estas cosas, muchos creyeron en él.
31Decía pues a los judíos que creían en él: Si perseverareis en mi doctrina, seréis verdaderamente discípulos míos; 32y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33Respondiéronle ellos: Nosotros somos descendientes de Abraham, y jamás hemos sido esclavos de nadie: ¿cómo pues dices tú que vendremos a ser libres? 34Replicoles Jesús: En verdad, en verdad os digo, que todo aquel que comete pecado, es esclavo del pecado. 35Es así que el esclavo no mora para siempre en la casa: el hijo sí que permanece siempre en ella: 36luego si el hijo os da libertad, seréis verdaderamente libres. 37Yo sé que sois hijos de Abraham; pero también sé que tratáis de matarme, porque mi palabra o doctrina no halla cabida en vosotros. 38Yo hablo lo que he visto en mi Padre: vosotros hacéis lo que habéis visto en vuestro padre. 39Respondiéronle diciendo: Nuestro padre es Abraham. Si sois hijos de Abraham, les replicó Jesús, obrad como Abraham. 40Mas ahora pretendéis quitarme la vida, siendo yo un hombre que os he dicho la verdad que oí de Dios: no hizo eso Abraham. 41Vosotros hacéis lo que hizo vuestro padre. Ellos le replicaron: Nosotros no somos de raza de fornicadores o idólatras: un solo padre tenemos, que es Dios. 42A lo cual les dijo Jesús: Si Dios fuera vuestro padre, ciertamente me amaríais a mí; pues yo nací de Dios, y he venido de parte de Dios: que no he venido de mí mismo, sino que él me ha enviado. 43¿Por qué pues no entendéis mi lenguaje? Es porque no podéis sufrir mi doctrina. 44Vosotros sois hijos del diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio, y criado justo, no permaneció en la verdad; y así no hay verdad en él: cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso, y padre de la mentira. 45A mí empero no me creéis, porque os digo la verdad. 46¿Quién de vosotros me convencerá de pecado? Pues si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? 47Quien es de Dios, escucha las palabras de Dios. Por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.
48A esto respondieron los judíos diciéndole: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres un samaritano, y que estás endemoniado? 49Jesús les respondió: Yo no estoy poseído del demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado a mí. 50Pero yo no busco mi gloria: otro hay que la promueve, y él me vindicará. 51En verdad, en verdad os digo, que quien observare mi doctrina, no morirá para siempre. 52Dijeron los judíos: Ahora acabamos de conocer que estás poseído de algún demonio. Abraham murió, y murieron también los Profetas, y tú dices: Quien observare mi doctrina, no morirá eternamente. 53¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió; y que los Profetas, que asimismo murieron? Tú ¿por quién te tienes? 54Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria, diréis, no vale nada; pero es mi Padre el que me glorifica, aquel que decís vosotros que es vuestro Dios: 55vosotros empero no le habéis conocido: yo sí que le conozco. Y si dijere que no le conozco, sería como vosotros un mentiroso. Pero le conozco bien, y observo sus palabras. 56Abraham vuestro padre ardió en deseos de ver este día mío: viole, y se llenó de gozo. 57Los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y viste a Abraham? 58Respondioles Jesús: En verdad, en verdad os digo, que antes que Abraham fuera criado, yo existo.
59Al oír esto, cogieron piedras para tirárselas; mas Jesús se escondió milagrosamente, y salió del Templo.
