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FIDES VIVA
Ilustración: Juan 11
Ilustración Fides Viva a partir de Giotto, «The Raising of Lazarus (Scrovegni Chapel)» · obra original

Torres Amat

Juan 11

Resurrección de Lázaro. Consejo de los Pontífices y Fariseos, en que se resuelve la muerte de Jesús; y que debe morir un hombre por todos. Retírase Jesucristo a Efraín, ciudad de Galilea.

1Estaba enfermo por este tiempo un hombre llamado Lázaro vecino de Betania, patria de María, y de Marta sus hermanas. 2(Esta María es aquella misma que derramó sobre el Señor el perfume, y le limpió los pies con sus cabellos; de la cual era hermano el Lázaro que estaba enfermo.) 3Las hermanas pues enviaron a decirle: Señor, mira que aquel a quien amas, está enfermo. 4Oyendo Jesús el recado, díjoles: Esta enfermedad no es mortal, sino que está ordenada para gloria de Dios, con la mira de que por ella el Hijo de Dios sea glorificado. 5Jesús tenía particular afecto a Marta, y a su hermana María, y a Lázaro.

6Cuando oyó que este estaba enfermo, quedose aún dos días más en el mismo lugar: 7después de pasados estos, dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a la Judea. 8Dícenle sus discípulos: Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, y ¿quieres volver allá? 9Jesús les respondió: Pues qué ¿no son doce las horas del día? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo: 10al contrario, quien anda de noche, tropieza, porque no tiene luz. 11Así dijo, y añadioles después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas yo voy a despertarle del sueño. 12A lo que dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13Mas Jesús había hablado del sueño de la muerte, y ellos pensaban que hablaba del sueño natural. 14Entonces les dijo Jesús claramente: Lázaro ha muerto; 15y me alegro por vosotros de no haberme hallado allí, a fin de que creáis. Pero vamos a él. 16Entonces Tomás por otro nombre Dídimo, dijo a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, y muramos con él.

17Llegó pues Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba sepultado. 18(Distaba Betania de Jerusalén como unos quince estadios.) 19Y habían ido muchos de los judíos a consolar a Marta y a María de la muerte de su hermano. 20Marta luego que oyó que Jesús venía, le salió a recibir; y María se quedó en casa. 21Dijo pues Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano: 22bien que estoy persuadida de que ahora mismo te concederá Dios cualquiera cosa que le pidieres. 23Dícele Jesús: Tu hermano resucitará. 24Respóndele Marta: Bien sé que resucitará en la resurrección universal, que será en el último día. 25Díjole Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: quien cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá; 26y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto? 27Respondiole: ¡Oh Señor! sí que lo creo, y que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido a este mundo.

28Dicho esto, fuese, y llamó secretamente a María su hermana, diciéndole: Está aquí el Maestro, y te llama. 29Apenas ella oyó esto, se levantó apresuradamente, y fue a encontrarle; 30porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que aún estaba en aquel mismo sitio en que Marta le había salido a recibir. 31Por eso los judíos que estaban con María en la casa, y la consolaban, viéndola levantarse de repente y salir fuera, la siguieron, diciendo: Esta va sin duda al sepulcro para llorar allí. 32María pues, habiendo llegado a donde estaba Jesús, viéndole, postrose a sus pies, y díjole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. 33Jesús, al verla llorar, y llorar también los judíos que habían venido con ella, estremeciose en su alma, y conturbose a sí mismo, 34y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Ven, Señor, le dijeron, y lo verás. 35Entonces a Jesús se le arrasaron los ojos en lágrimas. 36En vista de lo cual dijeron los judíos: Mirad cómo le amaba. 37Mas algunos de ellos dijeron: Pues este, que abrió los ojos de un ciego de nacimiento, ¿no podía hacer que Lázaro no muriese?

38Finalmente prorumpiendo Jesús en nuevos sollozos, que le salían del corazón, vino al sepulcro, que era una gruta cerrada con una gran piedra. 39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, hermana del difunto, le respondió: Señor, mira que ya hiede, pues hace ya cuatro días que está ahí. 40Díjole Jesús: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? 41Quitaron pues la piedra, y Jesús levantando los ojos al cielo, dijo: ¡Oh Padre! gracias te doy porque me has oído: 42bien es verdad que yo ya sabía que siempre me oyes, mas lo he dicho por razón de este pueblo que está al rededor de mí; con el fin de que crean que tú eres el que me has enviado. 43Dicho esto, gritó con voz muy alta o sonora: Lázaro, sal a fuera. 44Y al instante el que había muerto, salió fuera, ligado de pies y manos con fajas, y tapado el rostro con un sudario. Díjoles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.

45Con eso muchos de los judíos que habían venido a visitar a María y a Marta, y vieron lo que Jesús hizo, creyeron en él. 46Mas algunos de ellos se fueron a los Fariseos, y les contaron las cosas que Jesús había hecho. 47Entonces los pontífices y Fariseos juntaron consejo, y dijeron: ¿Qué hacemos? este hombre hace muchos milagros. 48Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y arruinarán nuestra ciudad, y la nación. 49En esto uno de ellos llamado Caifás, que era el Sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no entendéis nada en esto, 50ni reflexionáis que os conviene el que muera un solo hombre por el bien del pueblo, y no perezca toda la nación. 51Mas esto no lo dijo de propio movimiento, sino que, como era el Sumo pontífice en aquel año, sirvió de instrumento a Dios, y profetizó, que Jesús había de morir por la nación, 52y no solamente por la nación judaica, sino también para congregar en un cuerpo a los hijos de Dios, que estaban dispersos. 53Y así desde aquel día no pensaban sino en hallar medio de hacerle morir. 54Por lo que Jesús ya no se dejaba ver en público entre los judíos, antes bien se retiró a un territorio vecino al desierto, en la ciudad llamada Efraín, donde moraba con sus discípulos.

55Y como estaba próxima la Pascua de los judíos, muchos de aquel distrito subieron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. 56Los cuales iban en busca de Jesús, y se decían en el Templo unos a otros: ¿Qué será que aún no ha venido a la fiesta? Pero los pontífices y Fariseos tenían ya dada orden de que, si alguno supiese dónde Jesús estaba, le denunciase, para hacerle prender.

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