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FIDES VIVA
Ilustración: Apocalipsis 21
Ilustración Fides Viva a partir de Jan van Eyck (and Hubert van Eyck), «The Adoration of the Mystic Lamb (Ghent Altarpiece)» · obra original

Torres Amat

Apocalipsis 21

Fin dichoso y bienaventurado estado de los justos después del juicio, y desastrosa suerte de las pecadores. Descripción de la ciudad celestial de Jerusalén, mística esposa del divino Cordero.

1Y vi un cielo nuevo y tierra nueva. Porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y ya no había mar. 2Ahora pues yo Juan vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo por la mano de Dios, compuesta, como una novia engalanada, para su esposo. 3Y oí una voz grande que venía del trono, y decía: Ved aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres, y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios, habitando en medio de ellos, será su Dios; 4y Dios enjugará de sus ojos todas las lágrimas: ni habrá ya muerte, ni llanto, ni alarido, ni habrá más dolor, porque las cosas de antes son pasadas. 5Y dijo el que estaba sentado en el solio: He aquí que renuevo todas las cosas. Y díjome a mí: Escribe, porque todas estas palabras son dignísimas de fe, y verdaderas. 6Y díjome: Esto es hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todo. Al sediento yo le daré de beber graciosamente, o sin interés, de la fuente del agua de la vida. 7El qué venciere, poseerá todas estas cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. 8Mas en orden a los cobardes, e incrédulos, y execrables o desalmados, y homicidas, y deshonestos, y hechiceros, e idólatras, y a todos los embusteros, su suerte será en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda y eterna, 9Vino después un ángel de los siete que tenían las tazas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven, y te mostraré la esposa, novia del Cordero. 10Con eso me llevó en espíritu a un monte grande y encumbrado, y mostrome la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo y venía de Dios, 11la cual tenía la claridad de Dios; cuya luz era semejante a una piedra preciosa, a piedra de jaspe, trasparente como cristal. 12Y tenía un muro grande, y alto, con doce puertas; y en las puertas doce ángeles, y nombres esculpidos, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. 13Tres puertas al Oriente, y tres puertas al Norte, tres puertas al Mediodía, y otras tres al Poniente. 14Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 15Y el que hablaba conmigo, tenía una caña de medir, que era de oro, para medir la ciudad, y sus puertas, y la muralla: 16es de advertir que la ciudad es cuadrada, y tan larga como ancha: midió pues la ciudad con la caña de oro, y tenía doce mil estadios de circuito, siendo iguales su longitud, altura y latitud. 17Midió también la muralla y hallola de ciento y cuarenta y cuatro codos de alto, medida de hombre, que era también la del ángel. 18El material empero de este muro era de piedra jaspe; mas la ciudad era de un oro puro, tan trasparente que se parecía a un vidrio o cristal sin mota. 19Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados con toda suerte de piedras preciosas. El primer fundamento era de jaspe; el segundo de zafiro; el tercero de calcedonia o rubí; el cuarto de esmeralda; 20el quinto de sardónica; el sexto de sardio; el séptimo de crisólito; el octavo de berilo; el nono de topacio; el décimo de crisopraso o lápiz lázuli; el undécimo de jacinto; el duodécimo de amatista. 21Y las doce puertas son doce perlas; y cada puerta estaba hecha de una de estas perlas; y el pavimento de la ciudad oro puro, y trasparente como el cristal. 22Y yo no vi templo en ella. Por cuanto el Señor Dios omnipotente es su templo, con el Cordero. 23Y la ciudad no necesita sol ni luna que alumbren en ella, porque la claridad de Dios la tiene iluminada, y su lumbrera es el Cordero. 24Y a la luz de ella andarán las gentes; y los reyes de la tierra llevarán a ella su gloria y su majestad. 25Y sus puertas no se cerrarán al fin de cada día, porque no habrá allí noche. 26Y en ella se introducirá, y vendrá a parar la gloria y la honra de las naciones. 27No entrará en esta ciudad cosa sucia o contaminada, ni quien comete abominación y falsedad, sino solamente los que se hallan escritos en el libro de la vida del Cordero.

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jueves, 29 de octubre · Evangelio

Jesús llora sobre Jerusalén, que mata a los profetas

En aquel tiempo, ese mismo día, se acercaron algunos fariseos y le dijeron a Jesús: “Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Él les respondió: “Vayan y díganle a ese zorro: ‘Mira, expulso demonios y realizo…