Ir al contenido
FIDES VIVA
Ilustración: Lucas 7
Ilustración Fides Viva a partir de Dieric Bouts, «Christ in the House of Simon the Pharisee» · obra original

Torres Amat

Lucas 7

Sana Jesús al criado del centurión. Resucita al hijo de la viuda de Naín. Responde a los mensajeros de Juan Bautista. Increpa a los judíos, y los compara a unos niños que juegan. Una mujer le unge los pies. Parábola de los dos deudores.

1Concluida toda su plática al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaún. 2Hallábase allí a la sazón un centurión que tenía enfermo y a la muerte un criado a quien estimaba mucho. 3Habiendo oído hablar de Jesús, enviole algunos de los Ancianos o senadores de los judíos, a suplicarle que viniese a curar a su criado. 4Ellos en consecuencia llegados que fueron a Jesús, le rogaban con grande empeño que condescendiese: Es un sujeto, le decían, que merece que le hagas este favor; 5porque es afecto a nuestra nación; y aun nos ha fabricado una sinagoga. 6Iba pues Jesús con ellos. Y estando ya cerca de la casa, el centurión le envió a decir por sus amigos: Señor, no te tomes esa molestia; que no merezco yo que tú entres dentro de mi morada: 7por cuya razón tampoco me tuve por digno de salir en persona a buscarte; pero di tan solo una palabra, y sanará mi criado; 8pues aun yo que soy un oficial subalterno, como tengo soldados a mis órdenes, digo a este, ve, y va; y al otro, ven, y viene; y a mi criado, haz esto, y lo hace. 9Así que Jesús oyó esto, quedó como admirado; y vuelto a las muchas gentes que le seguían, dijo: En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tan grande. 10Vueltos a casa los enviados, hallaron sano al criado que había estado enfermo.

11Sucedió después, que iba Jesús camino de la ciudad llamada Naín; y con él iban sus discípulos, y mucho gentío. 12Y cuando estaba cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; e iba con ella grande acompañamiento de personas de la ciudad. 13Así que la vio el Señor, movido a compasión, le dijo: No llores. 14Y arrimose, y tocó el féretro. (Y los que le llevaban, se pararon.) Dijo entonces: Mancebo, yo te lo mando; levántate. 15Y luego se incorporó el difunto, y comenzó a hablar. Y Jesús le entregó a su madre. 16Con esto quedaron todos penetrados de un santo temor; y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran Profeta ha aparecido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. 17Y esparciose la fama de este milagro por toda la Judea, y por todas las regiones circunvecinas.

18De todas estas cosas informaron a Juan sus discípulos. 19Y Juan llamando a dos de ellos, enviolos a Jesús para que le hiciesen esta pregunta: ¿Eres tú aquel que ha de venir a salvar al mundo, o debemos esperar a otro? 20Llegados a él los tales, le dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti para preguntarte: ¿Eres tú aquel que ha de venir, o debemos esperar a otro? 21(En la misma hora curó Jesús a muchos de sus enfermedades y llagas, y de espíritus malignos, y dio vista a muchos ciegos.) 22Respondioles pues diciendo: Id y contad a Juan las cosas que habéis oído y visto: cómo los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia el Evangelio: 23y bienaventurado aquel que no se escandalizare de mi proceder.

24Así que hubieron partido los enviados de Juan, Jesús se dirigió al numeroso auditorio, y habloles de Juan en esta forma: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿alguna caña sacudida del viento? 25¿O qué es lo que salisteis a ver? ¿algún hombre vestido de ropas delicadas? Ya sabéis que los que visten preciosas ropas y viven en delicias, en palacios de reyes están. 26En fin ¿qué salisteis a ver? ¿un Profeta? Sí, ciertamente, yo os lo aseguro, y aun más que Profeta; 27pues él es de quien está escrito: Mira que yo envío delante de ti mi ángel, el cual vaya preparándote el camino. 28Por lo que os digo: Entre los nacidos de mujeres ningún Profeta es mayor que Juan Bautista; si bien aquel que es el más pequeño en el reino de Dios, es mayor que él. 29Todo el pueblo y los publicanos, habiéndole oído, entraron en los designios de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. 30Pero los Fariseos y doctores de la Ley despreciaron en daño de sí mismos el designio de Dios sobre ellos, no habiendo recibido dicho bautismo.

31Ahora bien, concluyó el Señor: ¿A quién diré que es semejante esta raza de hombres? y ¿a quién se parecen? 32Parécense a los muchachos sentados en la plaza, y que por vía de juego parlan con los de en frente, y les dicen: Os cantamos al son de la flauta, y no habéis danzado; entonamos lamentaciones, y no habéis llorado. 33Vino Juan Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y habéis dicho: Está endemoniado. 34Ha venido el Hijo del hombre, que come, y bebe como los demás, y decís: He aquí un hombre voraz, y bebedor, amigo de publicanos y de gentes de mala vida. 35Mas la sabiduría de Dios ha sido justificada por todos sus hijos.

36Rogole uno de los Fariseos que fuera a comer con él. Y habiendo entrado en casa del Fariseo, se puso a la mesa. 37Cuando he aquí que una mujer de la ciudad, que era o había sido de mala conducta, luego que supo que se había puesto a la mesa en casa del Fariseo, trajo un vaso de alabastro lleno de bálsamo o perfume; 38y arrimándose por detrás a sus pies, comenzó a bañárselos con sus lágrimas, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza y los besaba, y derramaba sobre ellos el perfume. 39Lo que viendo el Fariseo que le había convidado, decía para consigo: Si este hombre fuera Profeta, bien conocería quién y qué tal es la mujer que le está tocando; o que es una mujer de mala vida. 40Jesús respondiendo a su pensamiento, dícele: Simón, una cosa tengo que decirte. Di, Maestro, respondió él. 41Cierto acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. 42No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a entrambos la deuda. ¿Cuál de ellos a tu parecer le amará más? 43Respondió Simón: Hago juicio que aquel a quien se perdonó más. Y díjole Jesús: Has juzgado rectamente. 44Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Yo entré en tu casa, y no me has dado agua con que se lavaran mis pies; mas esta ha bañado mis pies con sus lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45Tú no me has dado el ósculo de paz; pero esta desde que llegó, no ha cesado de besar mis pies. 46Tú no has ungido con óleo o perfume mi cabeza; y esta ha derramado sobre mis pies sus perfumes. 47Por todo lo cual te digo, que le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho. Que ama menos aquel a quien menos se le perdona. 48En seguida dijo a la mujer: Perdonados te son tus pecados. 49Y luego los convidados empezaron a decir interiormente: ¿Quién es este, que también perdona pecados? 50Mas él dijo a la mujer: Tu fe te he salvado; vete en paz.

El Evangelio y el santo del día, cada mañana en tu correo

Empieza cada día cerca de Cristo y de sus santos: el Evangelio de la Misa y una vida que inspira. Gratis; te das de baja cuando quieras.

Te enviaremos un correo para confirmar. A veces, también algún aviso de Fides Viva. Te das de baja con un clic. Privacidad

miércoles, 28 de octubre · Evangelio

Después de orar toda la noche, Jesús elige a los doce apóstoles

En aquel tiempo, Jesús salió al monte a orar, y pasó la noche en oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a quienes también dio el nombre de apóstoles: Simón, a quien llamó…