Ir al contenido
FIDES VIVA
Ilustración: Lucas 6
Ilustración Fides Viva a partir de Domenico Ghirlandaio, «The Calling of the First Apostles» · obra original

Torres Amat

Lucas 6

Jesús defiende a sus discípulos, y redarguye a los Escribas y Fariseos sobre la observancia del sábado: nombra los doce apóstoles: cura enfermos; y predica aquel admirable sermón en que declara los fundamentos de la Ley nueva.

1Aconteció también en el sábado, llamado segundo-primero, que pasando Jesús por junto a unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas, y estregándolas entre las manos, comían los granos. 2Algunos de los Fariseos les decían: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado? 3Y Jesús, tomando la palabra, les respondió: ¿Pues qué, no habéis leído vosotros lo que hizo David, cuando él, y los que le acompañaban padecieron hambre: 4cómo entró en la Casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dio de ellos a sus compañeros; siendo así que a nadie se permite el comerlos sino a solos los sacerdotes? 5Y añadioles: El Hijo del hombre es dueño aun del sábado mismo.

6Sucedió que entró otro sábado en la sinagoga, y púsose a enseñar. Hallábase allí un hombre, que tenía seca la mano derecha. 7Y los Escribas y Fariseos le estaban acechando, a ver si curaría en sábado, para tener de qué acusarle. 8Pero Jesús, que calaba sus pensamientos, dijo al que tenía seca la mano: Levántate, y ponte en medio. Levantose y se puso en medio. 9Díjoles entonces Jesús: Tengo que haceros una pregunta: ¿Es lícito en los días de sábado hacer bien o mal? ¿salvar a un hombre la vida o quitársela? 10Y dando una mirada a todos al rededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Extendiola, y la mano quedó sana. 11Mas ellos llenos de furor, conferenciaban entre sí, qué podrían hacer contra Jesús.

12Por este tiempo se retiró a orar en un monte, y pasó toda la noche haciendo oración a Dios. 13Así que fue de día, llamó a sus discípulos; y escogió doce entre ellos, (a los cuales dio el nombre de apóstoles) a saber: 14Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, y Andrés su hermano, Santiago, y Juan, Felipe, y Bartolomé, 15Mateo, y Tomás, Santiago hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Celador, 16Judas hermano de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

17Y al bajar con ellos, se paró en un llano, juntamente con la compañía de sus discípulos, y de un grande gentío de toda la Judea, y en especial de Jerusalén, y del país marítimo de Tiro y de Sidón, 18que habían venido a oírle, y a ser curados de sus dolencias. Asimismo los molestados de los espíritus inmundos eran también curados. 19Y todo el mundo procuraba tocarle; porque salía de él una virtud que daba la salud a todos. 20Entonces levantando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y os separen de sus sinagogas, y os afrenten, y abominen de vuestro nombre como maldito, en odio del Hijo del hombre. 23Alegraos en aquel día, y saltad de gozo, porque os está reservada en el cielo una grande recompensa: tal era el trato que daban sus padres a los Profetas.

24Mas ¡ay de vosotros los ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo en este mundo.

25¡Ay de vosotros los que andáis hartos! porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los que ahora reís! porque día vendrá en que os lamentaréis y lloraréis.

26¡Ay de vosotros cuando los hombres mundanos os aplaudieren! que así lo hacían sus padres con los falsos profetas.

27Ahora bien, a vosotros que me escucháis, digo yo: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. 28Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

29A quien te hiriere en una mejilla, preséntale asimismo la otra. Y a quien te quitare la capa, no le impidas que se te lleve aun la túnica. 30A todo el que te pida, dale; y al que te roba tus cosas, no se las demandes.

31Tratad a los hombres de la misma manera que quisierais que ellos os tratasen a vosotros. 32Que si no amáis sino a los que os aman, ¿qué mérito es el vuestro? porque también los pecadores aman a quien los ama a ellos. 33Y si hacéis bien a los que bien os hacen, ¿qué mérito es el vuestro? puesto que aun los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir recompensa, ¿qué mérito tenéis? pues también los malos prestan a los malos, a trueque de recibir de ellos otro tanto. 35Empero vosotros amad a vuestros enemigos: haced bien, y prestad, sin esperanza de recibir nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno o benéfico aun para con los mismos ingratos y malos. 36Sed pues misericordiosos, así como también vuestro Padre es misericordioso.

37No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados. 38Dad, y se os dará: dad abundantemente, y se os echará en el seno una buena medida, apretada, y bien colmada hasta que se derrame. Porque con la misma medida con que midiereis a los demás, se os medirá a vosotros.

39Proponíales asimismo esta semejanza: ¿Por ventura puede un ciego guiar a otro ciego? ¿no caerán ambos en el precipicio? 40No es el discípulo superior al maestro; pero todo discípulo será perfecto, como sea semejante a su maestro.

41Mas tú, ¿por qué miras la mota en el ojo de tu hermano, no reparando en la viga que tienes en el tuyo? 42O ¿con qué cara dices a tu hermano: Hermano deja que te quite esa mota del ojo, cuando tú mismo no echas de ver la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y después podrás ver cómo has de sacar la mota del ojo de tu hermano.

43Porque no es árbol bueno, el que da malos frutos, ni árbol malo el que da frutos buenos. 44Pues cada árbol por su fruto se conoce. Que no se cogen higos de los espinos, ni de las zarzas racimos de uvas. 45El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas; así como el mal hombre las saca malas del mal tesoro de su corazón. Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

46¿Por qué pues me estáis llamando, Señor, Señor; siendo así que no hacéis lo que yo digo? 47Quiero mostraros a quien es semejante cualquiera que viene a mí, y escucha mis palabras, y las practica: 48es semejante a un hombre que fabricando una casa, cavó muy hondo, y puso los cimientos sobre peña viva: venida después una inundación, el río descargó todo el golpe contra la casa, y no pudo derribarla, porque estaba fundada sobre peña. 49Pero aquel que escucha mis palabras, y no las practica, es semejante a un hombre que fabricó su casa sobre tierra fofa sin poner cimiento: contra la cual descargó su ímpetu el río, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.

El Evangelio y el santo del día, cada mañana en tu correo

Empieza cada día cerca de Cristo y de sus santos: el Evangelio de la Misa y una vida que inspira. Gratis; te das de baja cuando quieras.

Te enviaremos un correo para confirmar. A veces, también algún aviso de Fides Viva. Te das de baja con un clic. Privacidad

miércoles, 28 de octubre · Evangelio

Después de orar toda la noche, Jesús elige a los doce apóstoles

En aquel tiempo, Jesús salió al monte a orar, y pasó la noche en oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a quienes también dio el nombre de apóstoles: Simón, a quien llamó…