
Torres Amat
Lucas 11
De la oración dominical: perseverancia en orar: Demonio mudo. Blasfemias de los judíos: parábola del valiente armado. Reprende Jesús a los Fariseos y doctores de la Ley.
1Un día estando Jesús orando en cierto lugar, acabada la oración, díjole uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó también Juan a sus discípulos. 2Y Jesús les respondió: Cuando os pongáis a orar, habéis de decir: Padre, sea santificado el tu nombre. Venga a nos el tu reino. 3El pan nuestro de cada día dánosle hoy. 4Y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
5Díjole también: Si alguno de vosotros tuviere un amigo, y fuese a estar con él a media noche, y a decirle: Amigo, préstame tres panes, 6porque otro amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle; 7aunque aquel desde adentro le responda: No me molestes, la puerta está ya cerrada, y mis criados están como yo acostados, no puedo levantarme a dártelos; 8si el otro porfía en llamar y más llamar; yo os aseguro que cuando no se levantare a dárselos por razón de su amistad, a lo menos por librarse de su impertinencia, se levantará al fin, y le dará cuantos hubiere menester. 9Así os digo yo, añadió Jesús: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10Porque todo aquel que pide, recibe; y quien busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11Que si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra? O si pide un pez, ¿le dará en lugar de un pez una sierpe? 12O si pide un huevo, ¿por ventura le dará un escorpión o alacrán? 13Pues si vosotros, siendo malos como sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará el espíritu bueno a los que se le piden?
14Otro día estaba Jesús lanzando un demonio, el cual era mudo. Y así que hubo echado al demonio, habló el mudo, y todas las gentes quedaron muy admiradas. 15Mas no faltaron allí algunos que dijeron: Por arte de Belzebú, príncipe de los demonios, echa él los demonios. 16Y otros por tentarle, le pedían que les hiciese ver algún prodigio en el cielo. 17Pero Jesús penetrando sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido en partidos contrarios quedará destruido, y una casa dividida en facciones camina a su ruina. 18Si pues Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo ha de subsistir su reino? ya que decís vosotros que yo lanzo los demonios por arte de Belzebú. 19Y si yo lanzo los demonios por virtud de Belzebú, ¿por virtud de quién los lanzan vuestros hijos? Por tanto ellos mismos serán vuestros jueces. 20Pero si yo lanzo los demonios con el dedo o virtud de Dios, es evidente que ha llegado ya el reino de Dios a vosotros. 21Cuando un hombre valiente, bien armado, guarda la entrada de su casa, todas las cosas están seguras. 22Pero si otro más valiente que él asaltándole le vence, le desarmará de todos sus arneses, en que tanto confiaba, y repartirá sus despojos. 23Quien no está por mí, está contra mí, y quien no recoge conmigo, desparrama.
24Cuando un espíritu inmundo ha salido de un hombre, se va por lugares áridos, buscando lugar donde reposar, y no hallándole dice: Me volveré a mi casa, de donde salí. 25Y viniendo a ella, la halla barrida, y bien adornada. 26Entonces va, y toma consigo a otros siete espíritus peores que él, y entrando en esta casa fijan en ella su morada. Con lo que el último estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
27Estando diciendo estas cosas, he aquí que una mujer, levantando la voz de en medio del pueblo, exclamó: Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que te alimentaron. 28Pero Jesús respondió: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios, y la ponen en práctica.
29Como concurriesen las turbas a oírle, comenzó a decir: Esta raza de hombres es una raza perversa: ellos piden un prodigio, y no se les dará otro prodigio que el del Profeta Jonás. 30Pues a la manera que Jonás fue un prodigio para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para los de esta nación infiel e incrédula. 31La reina del Mediodía se levantará en el día del juicio contra los hombres de esta nación, y los condenará: por cuanto ella vino del cabo del mundo a escuchar la sabiduría de Salomón; y veis aquí uno superior a Salomón, a quien no se quiere escuchar. 32Los habitantes de Nínive comparecerán también en el día del juicio contra esta nación, y la condenarán; por cuanto ellos hicieron penitencia a la predicación de Jonás, y veis aquí uno, cuyas palabras se desprecian, que es superior a Jonás.
33Nadie enciende una candela, para ponerla en un lugar escondido, ni debajo de un celemín; sino sobre un candelero, para que los que entran, vean la luz. 34Antorcha de tu cuerpo son tus ojos. Si tu ojo estuviere puro y sano, todo tu cuerpo será alumbrado; mas si estuviere dañado, también tu cuerpo estará lleno de tinieblas. 35Cuida pues de que la luz que hay en ti, no sea o no se convierta en tinieblas. 36Porque si tu cuerpo estuviere todo iluminado, sin tener parte alguna oscura, todo lo demás será luminoso, y como antorcha luciente te alumbrará.
37Así que acabó de hablar, un Fariseo le convidó a comer en su casa, y entrando Jesús en ella, púsose a la mesa. 38Entonces el Fariseo, discurriendo consigo mismo, comenzó a decir: ¿Por qué no se habrá lavado antes de comer? 39Mas el Señor le dijo: Vosotros ¡oh Fariseos! tenéis gran cuidado en limpiar el exterior de las copas y de los platos; pero el interior de vuestro corazón está lleno de rapiña y de maldad. 40¡Oh necios! no sabéis que quien hizo lo de afuera, hizo asimismo lo de adentro. 41Sobre todo, dad limosna de lo vuestro que os sobra, y con eso alcanzaréis de Dios que todas las cosas estarán limpias en orden a vosotros. 42Mas ¡ay de vosotros, Fariseos, que pagáis el diezmo de la yerbabuena, y de la ruda, y de toda suerte de legumbres, y no hacéis caso de la justicia y de la caridad o amor de Dios! Estas son las cosas que debíais practicar, sin omitir aquellas. 43¡Ay de vosotros, Fariseos, que amáis tener los primeros asientos en las sinagogas, y ser saludados en público! 44¡Ay de vosotros, que sois como los sepulcros que están encubiertos, y que son desconocidos de los hombres que pasan por encima de ellos!
45Entonces uno de los doctores de la Ley le dijo: Maestro, hablando así, también nos afrentas a nosotros. 46Mas él respondió: ¡Ay de vosotros igualmente, doctores de la Ley; porque echáis a los hombres cargas que no pueden soportar, y vosotros ni con la punta de el dedo las tocáis! 47¡Ay de vosotros, que fabricáis mausoleos a los Profetas, después que vuestros mismos padres los mataron! 48En verdad que dais a conocer que aprobáis los atentados de vuestros padres; porque si ellos los mataron, vosotros edificáis sus sepulcros. 49Por eso también dijo la sabiduría de Dios: Yo les enviaré Profetas y apóstoles, y matarán a unos, y perseguirán a otros; 50para que a esta nación se le pida cuenta de la sangre de todos los Profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo acá, 51de la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, muerto entre el altar y el Templo. Sí: yo os lo digo: a esta raza de hombres se le pedirá de ello cuenta rigorosa. 52¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, que os habéis reservado la llave de la ciencia de la salud! Vosotros mismos no habéis entrado, y aun a los que iban a entrar, se lo habéis impedido.
53Diciéndoles todas estas cosas, irritados los Fariseos y doctores de la Ley, empezaron a contradecirle fuertemente, y a pretender taparle la boca de muchas maneras, 54armándole asechanzas, y tirando a sonsacarle alguna palabra de que poder acusarle.
