
Torres Amat
Lucas 2
Jesús nace en Belén: es manifestado por los ángeles a los pastores; y circuncidado al octavo día: cántico y profecía de Simeón. Jesús a los doce años disputa en el Templo con los doctores de la Ley. Vive en Nazaret, sujeto a sus padres.
1Por aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, mandando empadronar a todo el mundo. 2Este fue el primer empadronamiento hecho por Cirino, que después fue gobernador de la Siria; 3y todos iban a empadronarse, cada cual a la ciudad de su estirpe. 4José pues, como era de la casa y familia de David, vino desde Nazaret ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, 5para empadronarse con María su esposa, la cual estaba en cinta.
6Y sucedió que hallándose allí, le llegó la hora del parto. 7Y parió a su hijo primogénito, y envolviole en pañales, y recostole en un pesebre; porque no hubo lugar para ellos en el mesón.
8Estaban velando en aquellos contornos unos pastores, y haciendo centinela de noche sobre su grey. 9Cuando de improviso un ángel del Señor apareció junto a ellos, y cercolos con su resplandor una luz divina; lo cual los llenó de sumo temor. 10Díjoles entonces el ángel: No tenéis que temer; pues vengo a daros una nueva de grandísimo gozo para todo el pueblo; 11y es, que hoy os ha nacido en la ciudad de David el Salvador, que es el Cristo o Mesías, el Señor nuestro. 12Y sírvaos de seña, que hallaréis al niño envuelto en pañales, y reclinado en un pesebre. 13Al punto mismo se dejó ver con el ángel un ejército numeroso de la milicia celestial, alabando a Dios, y diciendo:
14Gloria a Dios en lo más alto de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
15Luego que los ángeles se apartaron de ellos y volaron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos hasta Belén, y veamos este suceso prodigioso que acaba de suceder, y que el Señor nos ha manifestado.
16Vinieron pues a toda priesa; y hallaron a María y a José, y al niño reclinado en el pesebre. 17Y viéndole, se certificaron de cuanto se les había dicho de este niño. 18Y todos los que supieron el suceso, se maravillaron: igualmente de lo que los pastores les habían contado. 19María empero conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón. 20En fin los pastores se volvieron, no cesando de alabar y glorificar a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, según se les había anunciado por el ángel.
21Llegado el día octavo en que debía ser circuncidado el niño, le fue puesto por nombre Jesús, nombre que le puso el ángel antes que fuese concebido.
22Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la madre, según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén, para presentarle al Señor, 23como está escrito en la Ley del Señor: Todo varon que nazca el primero, será consagrado al Señor: 24y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos, como está también ordenado en la Ley del Señor.
25Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo, y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba de día en día la consolación de Israel o la venida del Mesías, y el Espíritu santo moraba en él. 26El mismo Espíritu santo le había revelado, que no había de morir antes de ver al Cristo o ungido del Señor. 27Así vino inspirado de él al Templo. Y al entrar con el niño Jesús sus padres, para practicar con él lo prescrito por la Ley; 28tomándole Simeón en sus brazos, bendijo a Dios, diciendo:
29Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa.
30Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado;
31al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos,
32sea luz brillante que ilumine a los gentiles, y la gloria de tu pueblo de Israel.
33Su padre y su madre escuchaban con admiración las cosas que de él se decían. 34Simeón bendijo a entrambos, y dijo a María su madre: Mira, este niño que ves, está destinado para ruina, y para resurrección de muchos en Israel; y para ser el blanco de la contradicción de los hombres: 35lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, a fin de que sean descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones de muchos.
36Vivía entonces una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya de edad muy avanzada, y la cual, casada desde la flor de ella, vivió con su marido siete años. 37Y habíase mantenido viuda hasta los ochenta y cuatro de su edad, no saliendo del Templo, y sirviendo en él a Dios día y noche con ayunos y oraciones. 38Esta pues, sobreviniendo a la misma hora, alababa igualmente al Señor; y hablaba de él a todos los que esperaban la redención de Israel.
39Y María y José con el niño Jesús, cumplidas todas las cosas ordenadas en la Ley del Señor, regresaron a Galilea a su ciudad de Nazaret.
40Entre tanto el niño iba creciendo, y fortaleciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba en él.
41Iban sus padres todos los años a Jerusalén por la fiesta solemne de la Pascua. 42Y siendo el niño ya de doce años cumplidos, habiendo subido a Jerusalén, según solían en aquella solemnidad, 43acabados aquellos días, cuando ya se volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtiesen. 44Antes bien persuadidos de que venía con alguno de los de su comitiva, anduvieron la jornada entera buscándole entre los parientes y conocidos. 45Mas como no le hallasen, retornaron a Jerusalén, en busca suya. 46Y al cabo de tres días de haberle perdido, le hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, que ora los escuchaba, ora les preguntaba. 47Y cuantos le oían, quedaban pasmados de su sabiduría y de sus respuestas. 48Al verle pues sus padres, quedaron maravillados. Y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira cómo tu padre y yo llenos de aflicción te hemos andado buscando. 49Y él les respondió: ¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? 50Mas ellos por entonces no comprendieron el sentido de su respuesta. 51En seguida se fue con ellos, y vino a Nazaret; y les estaba sujeto. Y su madre conservaba todas estas cosas en su corazón.
52Jesús entre tanto crecía en sabiduría, en edad, y en gracia delante de Dios y de los hombres.
