
domingo, 8 de noviembre de 2026
32º domingo del Tiempo Ordinario
- Verde
- Año A
- Semana 4 del Salterio
Evangelio · Mt 25, 1-13
La parábola de las diez vírgenes que salen al encuentro del esposo
Velen, pues, porque no saben el día ni la hora
Lecturas de la Misa
Lectura del libro de la Sabiduría
La sabiduría se deja encontrar por los que la buscan
Radiante es la sabiduría, y nunca se marchita; la contemplan fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan. 13Se adelanta a los que la desean, para dárseles a conocer primero.
14El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta. 15Pensar en ella es la inteligencia perfecta, y el que vela por ella pronto estará libre de inquietudes. 16Porque ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella, se les muestra con gusto en los caminos y les sale al encuentro en cada uno de sus pensamientos.
Palabra de Dios.
Salmo · Sal 62, 2-8
Oh Dios, Dios mío, por ti madrugo; mi alma tiene sed de ti
Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.
2Oh Dios, Dios mío, por ti madrugo; mi alma tiene sed de ti, y de tantas maneras mi carne te anhela.
Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.
3En tierra desierta, sin camino y sin agua, así me presenté ante ti en el santuario, para ver tu poder y tu gloria.
Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.
4Porque tu misericordia es mejor que la vida, mis labios te alabarán. 5Así te bendeciré mientras viva, y en tu nombre alzaré mis manos.
Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.
6Mi alma se saciará como de un banquete abundante, y con labios de júbilo te alabará mi boca. 7Si me acordaba de ti en mi lecho, al amanecer meditaré en ti, 8porque tú fuiste mi ayuda, y a la sombra de tus alas me alegraré.
Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
Los que murieron en Cristo resucitarán, y así estaremos siempre con el Señor
No queremos, hermanos, que ignoren lo que se refiere a los que duermen, para que no se entristezcan como los demás, que no tienen esperanza. 14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, del mismo modo Dios, por medio de Jesús, llevará con él a los que se durmieron.
15Esto les decimos como palabra del Señor: nosotros, los que vivimos, los que quedemos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que se durmieron. 16Porque el mismo Señor, a una orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero.
17Después nosotros, los que vivimos, los que quedemos, seremos llevados junto con ellos en las nubes al encuentro de Cristo en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.
Palabra de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
La parábola de las diez vírgenes que salen al encuentro del esposo
Aclamación antes del Evangelio
Velen, pues, porque no saben a qué hora vendrá su Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo y de la esposa. 2Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes. 3Las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron aceite consigo; 4las prudentes, en cambio, llevaron aceite en sus vasijas junto con las lámparas. 5Como el esposo tardaba, a todas les entró sueño y se durmieron.
6A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo, salgan a su encuentro!’. 7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. 8Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan’. 9Pero las prudentes respondieron: ‘No sea que no alcance para nosotras y para ustedes; vayan más bien a los que lo venden y cómprenlo’.
10Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta. 11Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: ‘Señor, señor, ábrenos’. 12Pero él respondió: ‘En verdad les digo que no las conozco’. 13Velen, pues, porque no saben el día ni la hora”.
Palabra del Señor.
