
Torres Amat
Romanos 10
Sin la fe de Jesucristo nadie puede salvarse: con ella, y no con las obras de la Ley, se consigue la justificación. Por eso es predicada en todo el mundo. Los gentiles la abrazan, mientras que los judíos permanecen en su incredulidad.
1Es cierto, hermanos míos, que siento en mi corazón un singular afecto a Israel, y pido muy de veras a Dios su salvación. 2Yo les confieso, y me consta, que tienen celo de las cosas de Dios; pero no es un celo según la ciencia. 3Porque no conociendo la justicia que viene de Dios, y esforzándose a establecer la suya propia, no se han sujetado a Dios para recibir de él esta justicia. 4Siendo así que el fin de la Ley es Cristo, para justificar a todos los que creen en él.
5Porque Moisés dejó escrito, que el hombre que cumpliere la justicia ordenada por la Ley o sus mandamientos, hallará en ella la vida. 6Pero de la justicia que procede de la fe, dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién podrá subir al cielo? esto es, para hacer que Jesús-Cristo descienda: 7¿o quién ha de bajar al abismo? esto es, para sacar a vida de entre los muertos a Cristo. 8Mas ¿qué es lo que dice la Escritura? Cerca está de ti la palabra que da la justificación: en tu boca está y en tu corazón: esta palabra es la palabra de la fe que predicamos. 9Pues si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le ha resucitado de entre los muertos, serás salvo. 10Porque es necesario creer de corazón para justificarse; y confesar la fe con las palabras u obras para salvarse. 11Por esto dice la Escritura: Cuantos creen en él, no serán confundidos. 12Puesto que no hay distinción de judío y de gentil; por cuanto uno mismo es el Señor de todos, rico para con todos aquellos que le invocan. 13Porque todo aquel que invocare de veras el nombre del Señor, será salvo.
14¿Mas cómo le han de invocar, si no creen en él? O ¿cómo creerán en él, si de él nada han oído hablar? Y ¿cómo oirán hablar de él, si no se les predica? 15Y ¿cómo habrá predicadores, si nadie los envía? según aquello que está escrito: ¡Qué feliz es la llegada de los que anuncian el Evangelio de la paz, de los que anuncian los verdaderos bienes! 16Verdad es que no todos obedecen al Evangelio. Y por eso dijo Isaías: ¡Oh Señor! ¿quién ha creído lo que nos ha oído predicar? 17Así que la fe proviene del oír, y el oír depende de la predicación de la palabra de Jesús-Cristo. 18Pero pregunto: ¿Pues qué no la han oído ya? Sí ciertamente: su voz ha resonado por toda la tierra, y hanse oído sus palabras hasta las extremidades del mundo. 19Mas, digo yo: ¿Será que Israel no lo ha entendido? No por cierto. Moisés es el primero a decir en nombre de Dios: Yo he de provocaros a celos por un pueblo que no es pueblo mío; y haré que una nación insensata o ignorante venga a ser el objeto de vuestra indignación y envidia. 20Isaías en persona de Cristo levanta la voz, y dice: Halláronme los que me buscaban: descubrime claramente a los que no preguntaban por mí, esto es, a los gentiles. 21Y, al contrario, dice a Israel: Todo el día tuve mis manos extendidas a ese pueblo incrédulo, y rebelde a mis palabras.
