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FIDES VIVA
Ilustración: Marcos 5
Ilustración Fides Viva a partir de Vasily Polenov, «The Raising of Jairus' Daughter» · obra original

Torres Amat

Marcos 5

Jesús expele los demonios de un hombre, y les permite entrar en una piara de cerdos. Sana a una mujer de un envejecido flujo de sangre; y resucita a la hija de Jairo.

1Pasaron después al otro lado del lago al territorio de los gerasenos. 2Apenas desembarcado, le salió al encuentro un energúmeno salido de los sepulcros o cuevas sepulcrales, 3el cual tenía su morada en ellos, y no había hombre que pudiese refrenarle, ni aun con cadenas: 4pues muchas veces aherrojado con grillos y cadenas, había roto las cadenas y despedazado los grillos, sin que nadie pudiese domarle; 5y andaba siempre día y noche por los sepulcros y por los montes, gritando, y sajándose con agudas piedras. 6Este pues viendo de lejos a Jesús, corrió a él, y le adoró; 7y clamando en alta voz dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús Hijo del altísimo Dios? en nombre del mismo Dios te conjuro que no me atormentes. 8Y es que Jesús le decía: Sal, espíritu inmundo, sal de ese hombre. 9Y preguntole Jesús: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Mi nombre es Legión, porque somos muchos. 10Y suplicábale con ahinco que no le echase de aquel país. 11Estaba paciendo en la falda del monte vecino una gran piara de cerdos. 12Y los espíritus infernales le rogaban, diciendo: Envíanos a los cerdos, para que vayamos y estemos dentro de ellos. 13Y Jesús se lo permitió al instante. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran furia toda la piara, en que se contaban al pie de dos mil, corrió a precipitarse en el mar, en donde se anegaron todos. 14Los que los guardaban, se huyeron, y trajeron las nuevas a la ciudad, y a las alquerías. Las gentes salieron a ver lo acontecido; 15y llegando a donde estaba Jesús, ven al que antes era atormentado del demonio, sentado, vestido y en su sano juicio; y quedaron espantados. 16Los que se habían hallado presentes, les contaron lo que había sucedido al endemoniado, y el azar de los cerdos. 17Y temiendo nuevas pérdidas, comenzaron a rogarle que se retirase de sus términos.

18Y al ir Jesús a embarcarse, se puso a suplicarle el que había sido atormentado del demonio, que le admitiese en su compañía; 19mas Jesús no le admitió, sino que le dijo: Vete a tu casa y con tus parientes, y anuncia a los tuyos la gran merced que te ha hecho el Señor, y la misericordia que ha usado contigo. 20Fuese aquel hombre, y empezó a publicar por el distrito de Decápolis cuantos beneficios había recibido de Jesús; y todos quedaban pasmados.

21Habiendo pasado Jesús otra vez con el barco a la opuesta orilla, concurrió gran muchedumbre de gente a su encuentro; y estando todavía en la ribera del mar, 22vino en busca de él uno de los jefes de la Sinagoga, llamado Jairo, el cual, luego que le vio, se arrojó a sus pies, 23y con muchas instancias le hacía esta súplica: Mi hija está a los últimos: ven, y pon sobre ella tu mano para que sane, y viva. 24Fuese Jesús con él, y en su seguimiento mucho tropel de gente que le apretaba.

25En esto una mujer que padecía flujo de sangre doce años hacía, 26y había sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor; 27oída la fama de Jesús, se llegó por detrás entre la muchedumbre de gente, y tocó su ropa, 28diciendo para consigo: Como llegue a tocar su vestido, sanaré. 29En efecto, de repente aquel manantial de sangre se le secó; y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad. 30Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salido de él, vuelto a los circunstantes, decía: Quién ha tocado mi vestido? 31A lo que respondían los discípulos: ¿Estás viendo la gente que te comprime por todos lados, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32Mas Jesús proseguía mirando a todos lados, para distinguir la persona que había hecho esto. 33Entonces la mujer, sabiendo lo que había experimentado en sí misma, medrosa, y temblando, se acercó, y postrándose a sus pies, le confesó toda la verdad. 34Él entonces le dijo: Hija, tu fe te ha curado: vete en paz, y queda libre de tu mal.

35Estando aún hablando, llegaron de casa del jefe de la Sinagoga a decirle a este: Murió tu hija: ¿para qué cansar ya al maestro? 36Mas Jesús, oyendo lo que decían, dijo al jefe de la Sinagoga: No temas; ten fe solamente. 37Y no permitió que le siguiese ninguno, fuera de Pedro, y Santiago, y Juan el hermano de Santiago. 38Llegados que fueron a casa del jefe de la Sinagoga, ve la confusión, y los grandes lloros y alaridos de aquella gente. 39Y entrando, les dice: ¿De qué os afligís tanto, y lloráis? la muchacha no está muerta, sino dormida. 40Y se burlaban de él sabiendo bien lo contrario. Pero Jesús, haciéndoles salir a todos fuera, tomó con sigo al padre y a la madre de la muchacha, y a los tres discípulos que estaban con él, y entró a donde la muchacha yacía. 41Y tomándola de la mano, le dice: Talita cumi (es decir, Muchacha, levántate): yo te lo mando. 42Inmediatamente se puso en pie la muchacha, y echó a andar, pues tenía ya doce años: con lo que quedaron poseídos del mayor asombro. 43Pero Jesús les mandó muy estrechamente que procuraran que nadie lo supiera; y dijo que diesen de comer a la muchacha.

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