
Torres Amat
Marcos 1
Predicación y bautismo de san Juan. Jesús, después de bautizado en el Jordán, y tentado en el desierto, comienza a predicar el Evangelio en Galilea. Vocación de san Pedro y de otros discípulos. Jesucristo obra varios milagros.
1Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Conforme a lo que se halla escrito en el Profeta Isaías: He aquí que despacho yo mi ángel o enviado ante tu presencia, el cual irá delante de ti preparándote el camino. 3Esta es la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, hacedle rectas las sendas. 4Estaba Juan en el desierto de la Judea bautizando, y predicando el bautismo de penitencia para la remisión de los pecados. 5Y acudía a él todo el país de Judea y todas las gentes de Jerusalén; y, confesando sus pecados, recibían de su mano el bautismo en el río Jordán. 6Andaba Juan vestido con un saco de pelos de camello, y traía un ceñidor de cuero a la cintura, sustentándose de langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: 7En pos de mí viene uno que es más poderoso que yo, ante el cual no soy digno ni de postrarme para desatar la correa de sus zapatos. 8Yo os he bautizado con agua, mas él os bautizará con el Espíritu santo.
9Por estos días fue cuando vino Jesús desde Nazaret, ciudad de Galilea, y Juan le bautizó en el Jordán. 10Y luego al salir del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu santo descender en forma de paloma, y posar sobre él mismo. 11Y se oyó esta voz del cielo: Tú eres el Hijo mío querido: en ti es en quien me estoy complaciendo.
12Luego después el mismo Espíritu le arrebató al desierto, 13donde se mantuvo cuarenta días y cuarenta noches. Allí fue tentado de Satanás: y moraba entre las fieras, y los ángeles le servían.
14Pero después que Juan fue puesto en la cárcel, vino Jesús a la alta Galilea, predicando el Evangelio del reino de Dios, 15y diciendo: Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: haced penitencia, y creed al Evangelio.
16En esto, pasando por la ribera del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes al mar (pues eran pescadores), 17y díjoles Jesús: Seguidme, y yo haré que vengáis a ser pescadores de hombres. 18Y ellos prontamente abandonadas las redes, le siguieron. 19Habiendo pasado un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, ambos asimismo en la barca componiendo las redes. 20Llamolos luego; y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de él.
21Entraron después en Cafarnaún; y Jesús comenzó luego en los sábados a enseñar al pueblo en la sinagoga. 22Y los oyentes estaban asombrados de su doctrina; porque su modo de enseñar era como de persona que tiene autoridad, y no como los Escribas.
23Había en la sinagoga un hombre poseído del espíritu inmundo, el cual exclamó, 24diciendo: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo? ¡Oh Jesús nazareno! ¿has venido a perdernos? ya sé quien eres, eres el Santo de Dios. 25Mas Jesús le conminó, diciendo: Enmudece, y sal de ese hombre. 26Entonces el espíritu inmundo, agitándole con violentas convulsiones, y dando grandes alaridos, salió de él. 27Y quedaron todos atónitos, tanto que se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? ¿qué nueva doctrina es esta? El manda con imperio aun a los espíritus inmundos, y le obedecen. 28Con esto creció luego su fama por toda la Galilea.
29Así que salieron de la sinagoga, fueron con Santiago y Juan a casa de Simón y de Andrés. 30Hallábase la suegra de Simón en cama con calentura, y habláronle luego de ella. 31Y acercándose, la tomó por la mano, y la levantó; y al instante le dejó la calentura, y se puso a servirles.
32Por la tarde puesto ya el sol, le traían todos los enfermos, y endemoniados; 33y toda la ciudad se había juntado delante de la puerta. 34Y curó a muchas personas afligidas de varias dolencias, y lanzó a muchos demonios, sin permitirles decir que sabían quién era.
35Por la mañana muy de madrugada salió fuera a un lugar solitario, y hacía allí oración. 36Pero Simón y los que estaban con él, fueron en su seguimiento. 37Y habiéndole hallado, le dijeron: Todos te andan buscando. 38A lo cual respondió: Vamos a las aldeas y ciudades vecinas, para predicar yo también en ellas el Evangelio, porque para eso he venido.
39Iba pues Jesús predicando en sus sinagogas, y por toda la Galilea, y expelía los demonios.
40Vino también a él un leproso a pedirle favor; e hincándose de rodillas, le dijo: Si tú quieres, puedes curarme. 41Jesús compadeciéndose de él, extendió la mano, y tocándole, le dice: Quiero; sé curado. 42Y acabando de decir esto, al instante desapareció de él la lepra, y quedó curado. 43Y Jesús le despachó luego, conminándole, 44y diciéndole: Mira que no lo digas a nadie; pero ve, y preséntate al príncipe de los sacerdotes, y ofrece por tu curación lo que tiene Moisés ordenado, para que esto les sirva de testimonio. 45Mas aquel hombre, así que se fue, comenzó a hablar de su curación, y a publicarla por todas partes, de modo que ya no podía Jesús entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera por lugares solitarios, y acudían a él de todas partes.
