
miércoles, 30 de diciembre de 2026
6º día de la Octava de Navidad
- Blanco
- Año impar
- Semana 1 del Salterio
Evangelio · Lc 2, 36-40
La profetisa Ana habla del niño a todos los que esperaban la redención
El niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría
Lecturas de la Misa
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre
Les escribo, hijitos, porque se les han perdonado los pecados por su nombre. 13Les escribo, padres, porque conocen al que existe desde el principio. Les escribo, jóvenes, porque han vencido al Maligno. 14Les escribo, niños, porque conocen al Padre. Les escribo, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al Maligno.
15No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16Porque todo lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida— no viene del Padre, sino del mundo. 17Y el mundo pasa, y también su concupiscencia; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Palabra de Dios.
Salmo · Sal 95, 7-10
Alégrese el cielo, goce la tierra
Alégrese el cielo y exulte la tierra.
7Den al Señor, familias de los pueblos, den al Señor gloria y honor; 8den al Señor la gloria de su nombre. Traigan ofrendas y entren en sus atrios;
Alégrese el cielo y exulte la tierra.
9adoren al Señor en su atrio santo. Tiemble ante él toda la tierra; 10digan a las naciones: “El Señor reina”. Él afianzó el orbe, y no vacilará; juzgará a los pueblos con equidad.
Alégrese el cielo y exulte la tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
La profetisa Ana habla del niño a todos los que esperaban la redención
Aclamación antes del Evangelio
Un día santo ha amanecido para nosotros: vengan, naciones, y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una gran luz sobre la tierra.
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, 37y luego, viuda, había llegado a los ochenta y cuatro años; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38Llegando en aquella misma hora, alababa al Señor y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Israel.
39Cuando cumplieron todo lo que mandaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40El niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
