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FIDES VIVA
Ilustración: Hebreos 3
Ilustración Fides Viva a partir de Peter Paul Rubens, «The Meeting of Abraham and Melchizedek» · obra original

Torres Amat

Hebreos 3

Jesucristo, Hijo de Dios, mucho más eminente sin comparación que Moisés, que era solamente un siervo del Señor. Debemos obedecerle en todo, para que no seamos castigados como los hebreos incrédulos.

1Por lo cual vosotros, mis santos hermanos, partícipes que sois de la vocación celestial, poned los ojos en Jesús, apóstol y pontífice de nuestra profesión o religión santa; 2el cual es fiel al que le ha constituido tal, como lo fue también Moisés con respecto a toda su casa. 3Considerad pues que fue reputado digno de gloria tanto mayor que la de Moisés, cuanto mayor dignidad u honra tiene que la casa, aquel que la fabricó. 4Ello es que toda casa por alguno es fabricada; mas el que crio y fabricó todas las cosas, es Dios. 5Y a la verdad Moisés fue fiel en toda la casa de Dios o pueblo de Israel, como un sirviente, enviado de Dios para anunciar al pueblo todo lo que tenía orden de decirle; 6pero Cristo se ha dejado ver como hijo en su propia casa; cuya casa somos nosotros, si hasta el fin mantenemos firme la animosa confianza en él, y la esperanza de la gloria.

7Por lo cual nos dice el Espíritu santo: Si hoy oyereis su voz, 8no queráis endurecer vuestros corazones, como sucedió cuando el pueblo estaba en el desierto en el lugar llamado contradicción y murmuración, 9en donde vuestros padres me tentaron; queriendo hacer prueba de mi poder, y en donde vieron las cosas grandes que hice. 10Yo sobrellevé a aquel pueblo con pena y disgusto por espacio de cuarenta años, y dije en mi mismo: Este pueblo sigue siempre los extravíos de su corazón. Él no conoce mis caminos, 11y así airado he jurado: Que no entrarán jamás en el lugar de mi descanso. 12Mirad pues, hermanos, no haya en alguno de vosotros corazón maleado de incredulidad, hasta abandonar al Dios vivo; 13antes amonestaos todos los días los unos a los otros, mientras dura el día que se apellida de Hoy, a fin de que ninguno de vosotros llegue a endurecerse con el engañoso atractivo del pecado. 14Puesto que venimos a ser participantes de Cristo; con tal que conservemos inviolablemente hasta el fin el principio del nuevo ser suyo que ha puesto en nosotros. 15Mientras que se nos dice: Si Hoy oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como los israelitas en el tiempo de aquella provocación. 16Pues algunos de los que la habían oído, irritaron al Señor; aunque no todos aquellos que salieron del Egipto por medio de Moisés. 17Mas ¿contra quiénes estuvo irritado el Señor por espacio de cuarenta años? ¿No fue contra los que pecaron, cuyos cadáveres quedaron tendidos en el Desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían jamás en su descanso, sino a aquellos que fueron incrédulos y desobedientes? 19En efecto vemos que no pudieron entrar por causa de la incredulidad.

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jueves, 29 de octubre · Evangelio

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