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FIDES VIVA
Ilustración: Hechos de los Apóstoles 8
Ilustración Fides Viva a partir de Rembrandt, «The Baptism of the Eunuch» · obra original

Torres Amat

Hechos de los Apóstoles 8

Saulo persigue la Iglesia. Felipe el diácono hace mucha fruto en Samaria, a donde son enviados Pedro y Juan. Pecado cometido por Simón mago, que dio el nombre a la simonía. Felipe bautiza al eunuco de la reina Candace.

1Por aquellos días se levantó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén, y todos los discípulos, menos los apóstoles, se desparramaron por varios distritos de Judea y de Samaria. 2Mas algunos hombres timoratos cuidaron de dar sepultura a Esteban, en cuyas exequias hicieron gran duelo. 3Entre tanto Saulo iba desolando la Iglesia, y entrándose por las casas, sacaba con violencia a hombres y mujeres, y los hacía meter en la cárcel.

4Pero los que se habían dispersado, andaban de un lugar a otro, predicando la palabra de Dios. 5Entre ellos Felipe, habiendo llegado a la ciudad de Samaria, les predicaba a Jesús-Cristo. 6Y era grande la atención con que todo el pueblo escuchaba los discursos de Felipe, oyéndole todos con el mismo fervor, y viendo los milagros que obraba. 7Porque muchos espíritus inmundos salían de los espiritados, dando grandes gritos. 8Y muchos paralíticos, y cojos fueron curados.

9Por lo que se llenó de grande alegría aquella ciudad. En ella había ejercitado antes la magia un hombre llamado Simón, engañando a los samaritanos, y persuadiéndoles que él era un gran personaje: 10todos, grandes y pequeños, le escuchaban con veneración, y decían: Este es la virtud grande de Dios. 11La causa de su adhesión a él era, porque ya hacía mucho tiempo que los traía infatuados con su arte mágica. 12Pero luego que hubieron creído la palabra del reino de Dios, que Felipe les anunciaba, hombres y mujeres se hacían bautizar en nombre de Jesucristo. 13Entonces creyó también el mismo Simón; y habiendo sido bautizado, seguía y acompañaba a Felipe. Y al ver los milagros y portentos grandísimos que se hacían, estaba atónito y lleno de asombro.

14Sabiendo pues los apóstoles, que estaban en Jerusalén, que los samaritanos habían recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. 15Estos en llegando, hicieron oración por ellos a fin de que recibiesen al Espíritu santo; 16porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en nombre del Señor Jesús. 17Entonces les imponían las manos, y luego recibían al Espíritu santo de un modo sensible.

18Habiendo visto pues Simón, que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu santo, les ofreció dinero, 19diciendo: Dadme también a mí esa potestad, para que cualquiera a quien imponga yo las manos, reciba al Espíritu santo. Mas Pedro le respondió: 20Perezca tu dinero contigo, pues has juzgado que se alcanzaba por dinero el don de Dios. 21No puedes tú tener parte, ni cabida en este ministerio, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios. 22Por tanto haz penitencia de esta perversidad tuya; y ruega de tal suerte a Dios, que te sea perdonado ese desvarío de tu corazón. 23Pues yo te veo lleno de amarguísima hiel, y arrastrando la cadena de la iniquidad. 24Respondió Simón, y dijo: Rogad por mí vosotros al Señor, para que no venga sobre mí nada de lo que acabáis de decir.

25Ellos en fin, habiendo predicado, y dado testimonio de la palabra del Señor, regresaron a Jerusalén, anunciando el Evangelio en muchos distritos de los samaritanos.

26Mas un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Parte, y ve hacia el Mediodía, por la vía que lleva de Jerusalén a Gaza, la cual está desierta. 27Partió luego Felipe, y se fue hacia allá. Y he aquí que encuentra a un etíope, eunuco, gran valido de Candace, reina de los etíopes, y superintendente de todos sus tesoros, el cual había venido a Jerusalén a adorar a Dios; 28y a la sazón se volvía, sentado en su carruaje, y leyendo al Profeta Isaías. 29Entonces dijo el Espíritu a Felipe: Date prisa y arrímate a ese carruaje. 30Acercándose pues Felipe a toda prisa, oyó que iba leyendo en el Profeta Isaías, y le dijo: ¿Te parece a ti que entiendes lo que vas leyendo? 31¿Cómo lo he de entender, respondió él, si alguno no me lo explica? Rogó pues a Felipe que subiese, y tomase asiento a su lado. 32El pasaje de la Escritura que iba leyendo, era este: Como oveja fue conducido al matadero; y como cordero que está sin balar en manos del que le trasquila, así él no abrió su boca. 33Después de sus humillaciones ha sido libertado del poder de la muerte, a la cual fue condenado. Su generación ¿quién podrá declararla, puesto que su vida será cortada de la tierra? 34A esto preguntó el eunuco a Felipe: Dime, te ruego, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿de sí mismo, o de algún otro? 35Entonces Felipe tomando la palabra, y comenzando por este texto de la Escritura, le evangelizó a Jesús. 36Siguiendo su camino, llegaron a un paraje en que había agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua, ¿qué impedimento hay para que yo sea bautizado?

37Ninguno, respondió Felipe, si crees de todo corazón. A lo que dijo el eunuco: Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38Y mandando parar el carruaje, bajaron ambos, Felipe y el eunuco, al agua, y Felipe le bautizó. 39Así que salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y no le vio más el eunuco; el cual prosiguió su viaje, rebosando de gozo. 40Felipe de repente se halló en Azoto, y fue anunciando el Evangelio a todas las ciudades por donde pasaba, hasta que llegó a Cesarea.

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